2008-11-09 05:00:00

Hibris y libido imperandi

La hibris es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’, exagerada confianza en sí mismo y orgullo excesivo que lleva casi siempre a un merecido castigo.

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Hibris y libido imperandi

Es un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos; un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, es el ‘Até’ (la furia, el orgullo). Hibris es una palabra peyorativa en política. Dijo Eurípides:

“Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo enloquecen”. Un auténtico Estadista posee serenidad, ecuanimidad, buen juicio y moderación reflexiva al tomar decisiones importantes y al hacer pronunciamientos públicos. La sensatez y la prudencia son sus guías de acción. Debe ser capaz de atender y escuchar las opiniones que disientan de las suyas y precaverse, si es el caso, de los consejos de sus áulicos y cortesanos. El ejercicio del poder, la pasión del mando, la libido imperandi, la hibris hacen perder el sentido crítico al gobernante, lo conducen al autoritarismo, al despotismo, a la intransigencia. El buen Estadista sabe aceptar las derrotas políticas.

Se distingue por su estilo de gobierno, por su manera personal de ejercer el poder. Si confía totalmente en las Encuestas de Opinión, en las Estadísticas amañadas y en la hiperpopularidad de más del 80% a que han llegado algunos gobernantes autoritarios, su hibris se hipertrofia y puede ser castigado. El señor Presidente ha ofendido e irrespetado en público a los jefes políticos de la oposición y a los jefes de su propia coalición de gobierno; ha acusado de terroristas y enemigos de la Patria a quienes discrepan de sus opiniones políticas y de su administración.

 

Ha acusado injusta y públicamente y ha destituido a diez generales de la Policía por el espionaje que los servicios secretos policiales hacían a congresistas de la oposición, algo que él sabía. Acusó de negligencia y de culpabilidad a tres generales y a varios coroneles comandantes de Brigada y a diecisiete altos oficiales del Ejército Nacional por las “ejecuciones extrajudiciales” y otros crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas en cumplimiento de las ambiguas órdenes de su política de Seguridad Democrática.

Su política de “Seguridad Democrática” recompensa con dinero, ascensos y condecoraciones a quienes delatan y asesinan a guerrilleros subversivos o a personas inocentes haciéndolas pasar por terroristas subversivos y antipatriotas. Así han sido asesinadas centenares de víctimas por las Fuerzas Militares y de su falsa “Seguridad Democrática y paramilitar”.

El Jefe del Estado ha lanzado ataques personales a los directores de las Agencias Internacionales de Derechos Humanos que denunciaron estos hechos. A los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia los ha acusado de prevaricato por los juicios que han adelantado contra Miembros del Congreso Nacional que han llevado a la cárcel a muchos partidarios de la coalición uribista cuyas curules fueron compradas con dinero de los paramilitares.

El señor Presidente acusó a un General de la República, desde un país extranjero, durante una Conferencia Internacional en El Salvador. El señor general Mario Montoya, Comandante del Ejército, renunció. Su sucesor fue nombrado precipitadamente. (¿El Ministro de Defensa renunciará?) ¿Será el señor Presidente de la República, Comandante en Jefe de la Fuerzas Militares de Colombia, una víctima de la desenfrenada Libido Imperandi, de la vengadora Hibris implacable? “Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo enloquecen” (Eurípides).

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Publicada por: ROBERTO SERPA FLÓREZ