2008-11-28 15:03:33

Oración para curar el desamor en una noche de muertos

Muertos: llévense mis huesos fríos; llévense mis cenizas y los cuerpos putrefactos que me habitan. Muertos, que tienen más calor que yo, más vida que mi corazón, más fuerza. Yo maldigo mi dolor, este monstruo lacerante que he alimentado. Lo maldigo y lo reduzco hoy a su más infinitesimal expresión. Yo escupo su memoria, su aliento, sus moléculas. Lo entierro, ¡no!, lo quemo, lo aniquilo en la hoguera de la gelidez… ¡Cuantas veces deba!

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Oración para curar el desamor en una noche de muertos

Convoco a ángeles caídos y almas en pena; los reúno para entregarles estos costales de carne sucia y tierra y ojos que ya no miran y pasos que ya no siguen y voces que ya no llaman y mentes que ya no piensan y corazones inclementes como gatos bajo la lluvia, como perros calcinados, como cocodrilos muecos y fantasmas insomnes. Les entrego esta pestilencia que algún día fue sublime, esta escoria de nada, este saco de todo. Mil sanguijuelas adictas a mí, mil neuronas irrecuperables, sonrisas que dejé escapar, gimoteantes. El espacio que perdí enfrascada en esperas inútiles. Las oraciones exasperadas e infructuosas a santos de nombres imposibles y efectividades aún peores, los hechizos de retorno que no fui capaz de emprender.

En el nombre del ave fénix, en el nombre de los irredentos, de los condenados, yo clavo una espada en el centro de esta montaña de lava, sangre, pus y mierda prensada, bailo al son de las tormentas y canto desgarradamente que lo que no acaba conmigo me hace más fuerte (la frase es de Nietzsche). Hoy muero con mis tres cadáveres y no me da miedo morir. Porque hoy mismo, al hacerlo, renazco limpia y hermoseada por mi voluntad. Los mato, los mato, los mato, en una trinidad infalible.

Ya no podrán hacerme ningún daño. Yo los expulso de mi alma, espíritus de la ingratitud; yo los expulso de mi ser, pequeñas nadas. No les deseo suplicios de Tántalos pero tampoco seguiré siendo Prometeo encadenado. Ya no hay más hígado fresco para ustedes: buitres, urracas, gallinazos, chulos, ratas mantecosas, piojos con grietas.

En mi nombre y en el nombre de las diosas que me habitan y me guían, en el nombre de las lobas sabias, de las encantadoras, de las Scherezadas, las sirenas y de Circe y también en el nombre de las posesas perdidas de amor: la prisionera de la torre de Nesle, Juana la Loca, la mujer del muelle de San Blas, Penélope, la de Serrat, y hasta Lady, Lady, Lady, la que se pinta los ojos de azul, los envío al agujero negro del espacio, cerdos, y huesos, aún con odio, con dolor y un mísero fragmento de amor que no he podido destilar de mi piel. Los lanzo al cosmos para que se desintegren, restos de meteorito que nunca más me podrán dañar. Por el poder de Lilith, María Sabina y la Guadalupana, yo los olvido, me curo de ustedes, para siempre.
Amén.

Rezarla, aun sin fe. Gritarla a la luna o al sol, al acostarse, al despertar, en el bus o caminando. Publicarla, pero no transcurridos nueve días (porque no es novena), sino cuando se dé la gana.

Advertencia: el efecto puede ser irreversible.

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Publicada por: Paloma Bahamón Serrano