2008-11-19 05:00:00

Vendrán tiempos mejores

Hay situaciones en las cuales pareciera que se ha tocado fondo y por tanto son insuperables en cuanto a los récord negativos alcanzados; su única bondad estriba en que las fuerzas de reacción en su contra no tienen otra salida que el ascenso y por tanto se perciben como una salvación; el clamor generalizado ante ellas siempre será: vendrán tiempos mejores.

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Vendrán tiempos mejores

De lo anterior tenemos excelentes ejemplos en la voracidad extrema que llegó a alcanzar el “capitalismo salvaje”, cuyas manifestaciones más absurdas se apreciaron en la crisis hipotecaria estadounidense; el nefasto período de la presidencia Bush y el atropello inmisericorde que han sufrido los Derechos Humanos en Colombia. Con sus lamentables aportes, seguramente se registrarán algunas de las peores páginas de la historia universal.

El que de suyo es un sistema deshumanizado y sólo busca la acumulación incontrolada de la riqueza -obviamente nos referimos al neoliberalismo- alcanzó cimas sofisticadas y tortuosas cuando, no satisfecho con la valorización ficticia de la propiedad raíz, desarrolló un proceso especulativo con la emisión de bonos y otras figuras, cuyo único respaldo eran unos endebles créditos hipotecarios y su llama azuzadora era la ambición extrema de los insaciables “genios” de las falsas finanzas.

Sin entrar en discusiones, que podrían resultar bizantinas, acerca de comparaciones con la crisis del año 29, al mundo le ha quedado claro que la arquitectura financiera hasta ahora vigente está haciendo agua, y exige un tratamiento muy severo para cuya aplicación es indispensable la solidaridad de todas las naciones y el fortalecimiento de paradigmas económicos que tomen en cuenta las necesidades de la humanidad, como lo fueron en su momento los preconizados por Keynes y que hoy tienen sus voceros autorizados y actualizados en Amartya Sen, Joseph Stiglitz u otros abanderados de la justicia social.

De la obsesiva guerra contra el terrorismo emprendida por George W. Bush, cuya máxima torpeza fue la invasión a Irak, y del pésimo manejo que su gobierno hizo de la  economía norteamericana, hablan la persistencia de una guerra incomprensible en el territorio de sunitas y chiítas, el insólito crecimiento negativo del PIB en la mayor economía mundial y el nivel extremo de impopularidad a que por fin ha llegado ante sus compatriotas. La elección de Barack Obama y la inmensa esperanza que todas las naciones han puesto en él, constituyen señales inequívocas de que ya no se soportaba más al señor Bush  fungiendo como árbitro orbital.

Ya en nuestro país las medidas tomadas por el Gobierno Nacional en el sentido de salvaguardar la observancia de los DD. HH., aunque son insuficientes, demuestran que las evidencias aparecidas y los nuevos vientos que soplan por el mundo, no permitirán más atropellos, al menos a los niveles alcanzados, ni de parte de los agentes oficiales.

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Publicada por: REDACCION EDITORIAL