2008-11-27 05:00:00

Reflexiones

El comentario de que todo tiempo pasado fue mejor, o que si se hubieran tomado tales o cuales determinaciones no estaríamos ante unos hechos que en el presente se deben enfrentar y resolver, son las excusas ideales para no asumir responsabilidades o para trasladarlas a otros, seguramente inferiores en la escala jerárquica, cuando de gobernar se trata. Esta conducta es recurrente en nuestra sociedad y se identifica en particular con quienes ejercen el poder.

Comparta este artículo ›

Reflexiones

 Como en todo, hay excepciones que compensan en parte los errores, y permiten afirmar que existen dirigentes que con dignidad y decoro aceptan equivocaciones. Situaciones como las que en la actualidad enfrenta Colombia en el tema económico y social, por la astucia de algunos y la ingenuidad de miles, dejan lecciones de vida de particular trascendencia, en relación con quienes tienen la obligación de resolverlas.

No resulta edificante observar que en las altas esferas del poder, donde se toman las más importantes decisiones que comprometen el interés colectivo, se quiera hacer ver que todo ha sido oportuno y se ha obrado con la celeridad que asuntos tan delicados demandan. Por supuesto que los tiempos de los delincuentes y de los que defienden el estado de derecho no son iguales; es esa circunstancia la que les permite a los primeros generar las crisis, y hasta envalentonarse con descaro a las instituciones y gobernantes. Pero aún así, hay alertas tempranas que no deben menospreciarse o darles un perfil bajo, pues cuando el daño o los delitos ya se cometieron, el esfuerzo para remediarlos es titánico y poco fructífero. Ante un panorama de estas proporciones ¿Quién responde? El costo se nos traslada a todos, y no se me ocurre que ese sea un proceder equitativo.

Las políticas públicas en todos los órdenes deben ser oportunas y generar confianza; es la obligación del gobernante y ha sido investido por la sociedad para realizar esa tarea. En política, ser justo, es ser previsor. Gobernar no es un destino fácil para nadie; se necesita talante y autoridad para tomar decisiones aún cuando éstas puedan ser impopulares. La suerte de una Nación la trazan sus gobernantes, pero nos compromete a quienes hacemos parte de ella. Por ende, quien detenta el poder o sus inferiores deben entender que la imprevisión y la decadencia son sinónimos.

Publicidad

Publicada por: RAFAEL GUTIÉRREZ SOLANO