2008-11-28 05:00:00

Que renuncie...

Oponer es colocar una cosa frente a otra y por lo tanto, oponerse es encarar a alguien o a algo y en materia política, es controvertir las actuaciones de quien no está con nosotros pero ejerce el poder.

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Que renuncie...

Como en Colombia las relaciones de la política están cimentadas sobre la base de la complicidad, la oposición sólo se hace a quien le suprime al opositor las gabelas del poder y, por lo tanto, lo priva de sus delicias o de sus usufructos financieros.

En los enfrentamientos políticos la oposición la hacen quienes, por no haber convencido a los electores, se quedaron sin los cargos a los cuales aspiraban y, en lugar de dedicarse a vigilar las actuaciones de quien los derrotó, lo pasan todo el tiempo criticándo lo hecho sin aportar una solución que beneficie a la democracia.

En el actual gobierno, desde la óptica de la oposición, todo está mal, hasta lo bueno y la fórmula que se le propone al gobernante es que renuncie, que es el único verbo que ellos saben conjugar.

Miremos un ejemplo: en esta crisis de las pirámides ya se han pedido todas las renuncias posibles pues, según se dice es la única forma de pagar el precio político y la pregunta es ¿qué ganan con eso los perdedores?

La oposición también vio lo que estaba pasando y tampoco hizo lo suficiente para hacer mover al Estado; sentimos que, si hubieran hecho la mitad del escándalo que ahora hacen, seguramente se hubiera movido a los responsables evitando que lo sucedido sucediera.

Tampoco hemos visto a la oposición presentar fórmulas para resolver el problema, pues si lo hicieran quizá, quienes no les creemos, podríamos empezar a pensar en que ellos tienen razón y que en el futuro pueden ser la solución.

Pedir renuncias, injuriar al señor Presidente y denigrar del Gobierno no cambia en nada el panorama oscuro de quienes, obrando ingenuamente o de mala fe creyeron que podrían hacerse ricos sin trabajar y cayeron en la trampa de quienes sí saben volverse millonarios a costilla de tantos ilusos.

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Publicada por: Eduardo Pilonieta Pinilla