2008-11-30 05:00:00

La aritmética de las pirámides

En las pirámides no se perdió plata; tan solo cambio de manos Esta tajante afirmación es casi una ofensa para los miles de colombianos que invirtieron sus escasos ahorros o se endeudaron con la ilusión de enormes ganancias –rápidas, fáciles y en efectivo– y de pronto se encontraron con que lo habían perdido todo. Es cierto, hubo muchísimos perdedores, pero también hubo ganadores.

Comparta este artículo ›

La aritmética de las pirámides

Por sus características intrínsecas las pirámides son lo que se conoce como un “juego de suma cero”, es decir, un mecanismo en el que no se crea riqueza porque las pérdidas de unos son las ganancias de otros. Los altos intereses que prometen las pirámides, que sí se pagan a los primeros que entran, no provienen de las utilidades de un negocio legal, sino de la plata que pusieron los que entraron de segundos; y a estos les pagan con la plata de los que entraron después y así sucesivamente hasta que deja de entrar más gente y se derrumba el castillo de naipes.

Por supuesto, aunque la plata no desaparece sino que se transforma y cambia de bolsillos siguiendo una especie de ley de entropía económica, son muchos más los perdedores que los ganadores porque las pirámides crecen en progresión geométrica. Si por ejemplo, cada uno de los participantes debe traer cuatro nuevos para ganarse los intereses prometidos, al cabo de sólo diez vueltas habría 1’048,576 personas involucradas en el esquema. (4 por 4 por 4… diez veces, da ese enorme número)

Si la pirámide se quiebra en el décimo nivel, los perdedores son los más de un millón que entraron de últimos, mientras que los ganadores son los avivatos organizadores, que para ese momento ya se habrán escapado, y todos los que entraron en las nueve vueltas anteriores y recuperaron su platica más los intereses, pero éstos solo suman 349.524 personas.

 Esta aritmética simple es la explicación de por qué la demora del presidente Uribe en intervenir las pirámides agravó el problema y ha generado protestas masivas. Si lo hubiera hecho hace un año cuando ya era evidente su expansión, los perjudicados no hubieran sido la mitad de los actuales, sino 40 o 50 veces menos. La aritmética es sorprendente: si la pirámide del ejemplo se hubiera detenido en el séptimo nivel (solo tres vueltas menos) los perdedores tan solo serían 16.384 y los ganadores 5.460, es decir un fenómeno social de dimensiones muy distintas. La negligencia del Gobierno permitió que el problema llegara a proporciones inmanejables.

Si en algo sirve de consuelo, no es la primera vez que un gobierno se demora en desmontar una pirámide. En su clásico análisis de la Gran Crisis de 1929, J.K Galbraith señala que ésta se originó en una burbuja de finca raíz y acciones alimentada por el generalizado deseo del pueblo americano de hacerse millonario rápidamente sin el más mínimo esfuerzo y por la demora en actuar del Gobierno que “estaba, o tan asombrado como los especuladores, o creyó que no era adecuado mostrar prudencia cuando hacerlo lo exponía al ridículo, a la crítica por dañar el juego o a la amenaza de perder votos.”
Lo que no es consuelo para algunos, porque la historia tiende a repetirse, es que por su inacción el presidente Hoover perdió en su intento de lograr la reelección.

                *    *   *

ADENDA. Al escribir esta nota el inefable secretario del grupo de la U, Luís Guillermo Giraldo, no había explicado el origen de los $2.000 millones que reportó haberse gastado consiguiendo firmas para la mal redactada pregunta del referendo de la segunda reelección. Tampoco ha explicado por qué no incluyó en sus cuentas los aportes en especie de empresas de DMG, y quién sabe si de otros cuestionados donantes. Si en más de tres meses no ha podido presentar la contabilidad, es porque algo oscuro esconde o está preparando triquiñuelas para evitar que se conozca.

Publicidad
Publicada por: MAURICIO CABRERA GALVIS