2008-12-04 05:00:00

Las víctimas anónimas de las bombas de racimo

Ahmad no tuvo tiempo de soplar las velitas de su quinto cumpleaños: en un bonito día sin guerra de febrero de 1999, el pequeño murió al estallar una bomba de racimo que encontró en un parque del sur de Líbano donde celebraba su fiesta.

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Las víctimas anónimas de las bombas de racimo

“Sus últimas palabras fueron ‘papá, ayúdame’. Murió tras cuatro horas de sufrimientos”, confió su padre, Raed Mokaled, óptico en la ciudad de Nabatiyé, a pocos kilómetros de Israel.

“Oímos un gran estallido. Adam nos dijo inmediatamente que había visto cómo su hermano agarraba un objeto coloreado, como un juguete”, comentó en referencia a la submunición que mató al pequeño, lanzada años antes por el Ejército israelí.

“Mi hijo no era ni un terrorista ni un criminal”, se lamentó el padre al denunciar que “nadie en la tierra tiene derecho a matar a un niño”.

Compuestas de un contenedor (obús, misil, cohete) que puede llevar hasta 650 minibombas, las bombas de racimo (BASM) se dispersan en un vasto perímetro pero sin estallar al mismo tiempo.

cien países las prohíben

Raed Mokaled es uno de los afectados que viajaron a Oslo para dar un rostro y un nombre a las víctimas anónimas de las submuniciones, con motivo de la firma ayer por parte de 92 países de un tratado para prohibir las bombas de racimo (en total serían 100 naciones), que entraría en vigor a comienzos de 2009.

Ni Israel ni los otros grandes productores de bombas de racimo como Estados Unidos, Rusia y China rubricaron el convenio en la capital noruega.

Soraj Habib es un adolescente afgano que sobrevivió a una submunición en 2002, si bien perdió sus dos piernas y el dedo de una mano.“Este tratado es histórico. Permitirá que otros niños no les ocurra lo que a mi”, consideró con una sonrisa sin odio.

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Publicada por: Afp, OSLO