2008-12-04 05:00:00

Hay que sacar al diablo

A ritmo de vals cantamos la estrofa de José Barros, más oración que canción protesta: Violencia, maldita violencia, / ¿Por qué te empeñas en teñir de sangre la tierra de Dios? / ¿Por qué no dejas que en el campo nazca nueva floración? / Violencia, porque no permites que reine la paz, que reine el amor, / que puedan los niños dormir en sus cunas sonriendo de amor. / Violencia ¿por qué no permites que reine la paz?

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Hay que sacar al diablo

La paz que en forma sencilla definimos con Álvaro Santamaría en su canción: La paz no es un negocio de señores; / no es tregua para armarse mucho más; / la paz no es el silencio de unas noches, / ni el trémulo suspiro del llorar. / La paz es rico fruto de perdones; / es trueque de las armas por el pan; / la paz es el festín de corazones / que buscan horizontes de unidad.

La historia nos dice que en 1873 el Presidente Murillo Toro reconoce nuestra cultura de la violencia, invitándonos a no pretender ser tenidos por pueblo civilizado, moral y digno, cuando por los más fútiles pretextos apelamos a las armas, procedemos a ejecutar actos de violencia, y llevamos la inseguridad y los más grandes atentados al hogar de todos.

En 1945 la denuncia del Presidente Lleras Camargo es más directa al hablar de una violencia desencadenada que se ordena y estimula, fuera de todo riesgo por control remoto, siendo el combustible expedido desde los escritorios urbanos, trabajado con frialdad, elaborado con astucia, para que produzca sus frutos de sangre; o con maniobras planeadas que conducen al encuentro en apariencia fortuito, con una monstruosa sagacidad, buscando resultados inconfesables, y ocultando la mano que ha preparado el crimen. Expresión que en esa época traducían en Zapatoca diciendo: En Bogotá se insultan en público y después en privado se van a tomar whisky, mientras en San Vicente creen que la pelea es en serio y se agarran a machete.

Estamos en mora de afrontar el problema de las violencias por donde es y no seguir engañándonos ni dejándonos engañar. Bueno sería llevar a la realidad la canción de Eugenio Arellano: ¿Qué le estará pasando a nuestro país / desde la última vez que yo le canté? / mi último bambuco habló del dolor, / ahora las cosas andan de mal en peor. / Si la moral del mundo va para atrás / ¿qué se hicieron los hombres que hacían el bien? / siempre la misma cosa no habrá poder, / para que la justicia traiga la paz. / Hay que sacar el diablo no hay más que hacer. / Que suenen explosiones de inteligencia / sobre el herido vientre de mi país, / que el pueblo desde niño tome conciencia / que la violencia no lleva a un fin. Y para evitar equívocos que inciten a la violencia verbal, al hablar de diablo no se trata de alusiones personales, se refiere al mal en todas sus manifestaciones, representado en Lucifer.

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Publicada por: Luis Pinilla Pinilla