2008-12-05 05:00:00

Veeeeerde

Este color da para mucho. Lo voy a combinar en un par de temas independientes. Por un lado, el plan de protección ambiental que emprenderá Brasil, presentado en Polonia ante la conferencia que celebra la ONU sobre cambio climático; muy verde y plausible. Pero además se llama verde a lo que no está maduro, mejor dicho, a lo que no está al día. Pues la purpúrea clerecía romana, encabezada por Ratzinger, se quedó bisoña ante la realidad y, a pesar de sus escabrosas intimidades, sigue satanizando ridículamente el sexo que no sea para procrear. “Verde” para fungir como soporte moral de la humanidad.

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Veeeeerde

Mientras la existencia misma del planeta está amenazada, la prensa y el liderazgo mundial se descerebran buscando salidas para la crisis financiera y posponen la lucha contra el cambio climático. Por otra parte, el Vaticano no actúa para preservar la paz o luchar contra la pobreza y la exclusión, pero sí desperdicia micrófono y tinta para fisgonear en la administración individual del sexo. Ahora, después de negarle apoyo en la ONU a la iniciativa de la siempre progresista Francia de exigir la despenalización de la homosexualidad, el Estado Vaticano tampoco suscribirá la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad porque éste les reconoce a los minusválidos la opción de la planificación familiar. Léase: mejor excluidos, marginados y hasta maltratados que con condón.

Lula en Brasil, en asuntos de inaplazable atención, está dando una lección al mundo. Su Plan va más allá del Protocolo de Kyoto y enfrenta tres coyunturas cruciales: la deforestación de la Amazonia, el ahorro de energía y el uso de alternativas al petróleo en transporte. Todo acompañado de planes concretos, incentivos y compromisos institucionales que deben redundar en una reducción sustancial de las emisiones de CO2.

Mientras tanto los viejos verdes del Vaticano, quedados en la visión del mundo, arguyen que la despenalización del homosexualismo traería como consecuencia indebidas presiones hacia países que castigan esas conductas. Mejor dicho, para el cura de Roma es mejor unos pocos azotados o incluso colgados en la horca por su inclinación sexual, que un país presionado a eliminar la barbarie. Hubo otros compatriotas de Ratzinger que así pensaban en la indeleble Alemania nazi. Y ahora, anclado en el condón, prefiere no apoyar los derechos de seres humanos, con tal de impedir que usen condón.

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Publicada por: Samuel Chalela O.