2008-12-07 05:00:00

Veinte metros bajo tierra, vive otra Roma

Roma, la Ciudad Eterna, no es sólo el Coliseo, el Foro Itálico, la Basílica de San Pedro, la Plaza España y la Fuente de Trevi. La otra Roma, la subterránea, es tan fascinante como la que está a la vista de los turistas. 

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Veinte metros bajo tierra, vive otra Roma

Dos mil setecientos años de historia aún ‘viven’ y están “más o menos 20 metros bajo tierra. Esa es la diferencia entre el nivel de la Roma antigua y de la actual”, asegura el arqueólogo Renato Carlini.

Eso quiere decir, que los cerca de 4 millones de romanos de nacimiento y por adopción, se dan el lujo de caminar sobre antiguos acueductos, cisternas, domus, criptas, necrópolis, edificios de cinco pisos, caminos en piedra y hasta templos paganos en honor al dios persiano Mitra.

Terminaron escondidos

Algunos de estos lugares eran originalmente subterráneos dado el uso para el que fueron construidos como las catacumbas y las criptas.  Otros, lo llegaron a ser con el paso de los años, con los desechos de incendios y terremotos y las frecuentes inundaciones del río Tiber que atraviesa el centro de la ciudad y que anteriormente dejaba a su paso fango y melma.

Unos más lo fueron por decisión del hombre, como en el caso de la Necrópolis de San Pedro, a la cual el emperador Constantino ordenó quitarle el techo y rellenarla con tierra para construir las bases de la imponente Basílica de San Pedro.

El arqueólogo Carlini asegura que pese a la gran cantidad de sitios subterráneos, no existe un censo que permita establecer exactamente cuántos son los kilómetros de la Roma subterránea, pues “la ciudad fue construida estrato sobre estrato. Por eso, debajo de un edificio podemos encontrar acueductos, bodegas y tabernas”.

Algunos sitios fueron hallados por los expertos gracias a la historia, como el ninfeo que está debajo del Palatino, uno de los sitios más antiguos de la ciudad y cuyas paredes están decoradas con mosaicos en pasta de vidrio.

Gran parte de los hallazgos en la Roma subterránea han ocurrido por pura casualidad.

En los últimos meses, con la construcción de la Línea C del Metro, los trabajos debieron ser suspendidos mientras las autoridades deciden qué hacer con los restos de un edificio del año 500 y algunos vasos en cerámica y terracota, hallados a sólo cinco metros de la superficie.
Este es un recorrido por la Roma desconocida, la subterránea.

La cripta de los Capuchinos

En la exclusiva Vía Veneto, en el centro de Roma, se encuentra la Iglesia de la  Inmaculada que tiene una cripta muy particular: la de los monjes Capuchinos.
A diferencia de la Necrópolis de San Pedro, puede ser visitada cualquier día de la semana, excepto los jueves y aunque es pequeña, no tiene límite de visitantes por día.

Luego de dejar el convento de San Buenaventura, cerca a la Fuente de Trevi, en 1631 los monjes llegaron a este convento del que sólo quedan la cripta y la iglesia.

El traslado incluyó los restos de los frailes muertos, sólo que como el nuevo Monasterio era internacional, hospedaba a otros frailes, que tarde o temprano morían en el lugar.

Se decidió entonces que los restos debían pasar a los osarios, pero dadas las circunstancias, estos también fueron usados como lugar de sepultura. Además de los frailes, en el pequeño cementerio también eran inhumadas personas pobres de Roma.

A mitad del siglo XVIII, este lugar de recogimiento para los capuchinos, se convirtió en una particular obra de arte: las paredes de las seis criptas fueron decoradas con los restos.

Así las cosas, existen la Cripta de los Cráneos, de las Caderas, de las Tibias y de los Fémures y de los Tres Esqueletos. Un lugar que hace erizar la piel.

HUESOS Y MÁS HUESOS

La de la Resurreción, es la primera capilla donde homoplatos y algunos cráneos sirven de marco al lienzo donde se ve a Jesús resucitando a Lázaro. A cada lado, recostados están los esqueletos de dos frailes, vestidos con el hábito y una cruz de madera en el pecho. Completan la decoración del techo, las vértebras, coxis y costillas. La fe cristiana en la resurrección, es el mensaje general de la cripta.

La segunda capilla, destinada sólo a la misa de los difuntos, es la única que no tiene restos visibles, aunque en una de las paredes se conserva el corazón de Maria Felice Peretti, una devota de los capuchinos que murió en el año 1656.

El estrecho corredor que escasamente alcanza un metro, lleva al visitante hacia la Cripta de los Cráneos, donde una clepsidra diseñada con dos coxis y homoplatos puestos a los lados a modo de alas, recuerdan que el tiempo no sólo pasa, sino que vuela.

En la Cripta de las Caderas la historia se repite: esqueletos de capuchinos en pie, en medio de cráneos, caderas y vértebras que la decoran.  Por donde se mire, la cripta de los capuchinos tiene huesos.

Por último, la cripta de los Tres Esqueletos tiene un mensaje de los capuchinos para los visitantes: “Nosotros fuimos lo que ustedes son. Ustedes serán lo que nosotros somos”.

Necrópolis de San Pedro

Para llegar a la Necrópolis donde San Pedro fue sepultado, es necesario entrar en territorio Vaticano, hecho que por sí solo es emocionante, dado que a la gente del común y a los turistas lo único que se les permite es tomar fotografías a los guardias suizos que custodian las dos entradas a la Ciudad del Vaticano: una en la Vía de Porta Angélica y la otra en la Vía Pablo VI, al costado izquierdo de la Basílica de San Pedro.

Lograr un cupo para ir a las excavaciones es una lotería: hay gente que espera casi seis meses una respuesta de la Oficina de las Excavaciones de la Ciudad del Vaticano. Al día pueden entrar solo 200 personas en grupos de 15, cada 15 minutos.

La Necrópolis de San Pedro está más o menos 12 metros debajo del nivel de la Basílica.  La misma fue construida por decisión de Constantino, luego de quitarle el techo al complejo funerario y rellenarlo de tierra, en modo tal que fuera una sólida base para construir un importante e imponente lugar de culto donde la tradición oral ubicaba la tumba de San Pedro.

A esta ciudad de los muertos se llega desde la Oficina de las Excavaciones, atravesando una sala con grandes piezas en mármol, bajando las escaleras que terminan en una puerta de vidrio de cinco centímetros de espesor. Es como entrar en un túnel del tiempo que trasporta directamente a los siglos I y II.

Una vez abierta la puerta, el visitante se encuentra con el primero de los frescos que decoran los cerca de 25 mausoleos encontrados hasta ahora. El vidrio que lo protege está empañado por la humedad de casi el 60% que reina en el lugar. A la izquierda, un pasillo de 1,80 mts, solo 60 cms de ancho y 3 metros de profundidad, marca el inicio de la subida de la pequeña colina Vaticana donde fue construida la Necrópolis.  

El pavimento original, hecho de tierra y algunas lastras de piedra, permite recorrer casi 70 metros de superficie donde se encuentran magníficos mausoleos y paredes en barro cocido con pequeños nichos para depositar las cenizas, después de la cremación.

De los 25 mausoleos, solo uno es cristiano. Y se reconoce porque en una de las pinturas sobre el muro se ve a Jonás entre las fauces de la ballena.  

Algunos de los mausoleos eran de dos pisos: en el primero estaban las sepulturas y en el segundo, en el periodo estivo (primavera y verano) se organizaban refrigerios para ser ‘compartidos’ con el ser querido que no estaba entre los vivos; mientras que en noviembre, se celebraba la fiesta de los difuntos, tal como sucede hoy en el mundo católico.

¿Cómo la encontraron?

Fue durante el papado de Pío XII, a principios de la década del 40 y en plena Guerra Mundial, que se iniciaron las excavaciones en el mayor de los silencios. Y todo por cumplir el último deseo de Pío XI de ser sepultado al lado de la tumba de San Pedro.

Aunque nadie, antes, se había atrevido a excavar en el lugar, siempre había sido considerada verdadera la versión según la cual la tumba estaba muy cerca del Circo de Nerón, lugar donde murió. De hecho, sobre aquel hipotético lugar fueron construidos tres altares: el de Gregorio Magno (590-604), el de Calixto II (1123) y el actual, construido por Clemente VIII (1594).

Después de 10 años de trabajos, los arqueólogos encontraron una pequeña tumba en la tierra, cubierta por tejas de barro. Pero no contenía restos. Los mismos serían encontrados varios años después, envueltos en un paño púrpura con hilos de oro, escondido entre un muro y con una frase en griego: “Pietros eni” (Pedro está acá dentro). En el mismo muro, la epigrafista Margherita Guarducci descifró centenares de pictogramas que evocaban a Cristo y a Pedro.

Las pruebas científicas demuestran que los restos corresponden a un hombre de aproximadamente 60 o 70 años de edad, acostumbrado al trabajo físico (Pedro era pescador…). El examen microscópico encontró restos de tierra de la colina Vaticana y del muro rojo en los huesos. Y no solo eso: a los restos les faltan los pies. El apóstol Pedro murió crucificado bocabajo y se cree que cuando fue bajado de la cruz para ser inhumado, los pies quedaron en la cruz.

Fue el Papa Pablo VI quien decidió que los restos debían reposar en el mismo lugar donde fueron encontrados. Por eso, quien decide visitar la Necrópolis los encuentra al final del recorrido y logra verlos a una distancia de tres metros, entre una caja transparente, junto a unos documentos que afirman que ‘se cree’ son los restos del apóstol Pedro.

Si desde el centro de la cúpula de la Basílica, diseñada por Miguel Ángel, se trazara una línea perpendicular, ésta terminaría sobre la caja que contiene los restos.

Pero contrario a lo que piensan los turistas, en el cofre ubicado debajo del mosaico bizantino de Cristo, en la gruta vaticana (donde han sido sepultados los papas, incluido Juan Pablo II), no se encuentran los huesos del Apóstol sino las estolas con cruces que el Papa concede a los nuevos obispos.

Algunos de los tesoros escondidos de Roma

1. El Acueducto Virgen: Inaugurado el 9 de Junio del año 19 a.C. Con veinte siglos de historia y 18 kilómetros subterráneos aún funciona, llevando el agua a la Fuente de Trevi, la Fuente de la Barbaccia de Plaza España y a la de los Ríos.
2. Domus Aurea: La residencia de Nerón después del incendio que devastó Roma, en el 64 d.C.
3. Basílica de San Juan en Laterano: Esconde un complejo de construcciones del siglo I.
4. Basílica de San Clemente: Construida sobre un mitreo, es decir, un templo pagano en honor al dios Mitra. La base del edificio es una casa del siglo I.
5. Subterráneos de la Iglesia de San Crisógono: Basílica paleocristinana descubierta en 1908.
6. Excubitorium: Sede de la Policía de mitad del siglo II, que vigilaba la zona del río Tiber.
7. Insula del Ara Colei: Condominio o unidad residencial compuesto por tres pisos y un mezzanino.

 

 

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Publicada por: Ximena R. Niño M. / Especial para Vanguardia Liberal