2008-07-21 05:00:00

Ríos humanos

Las calles de Bucaramanga, de Bogotá, de ciudades y pueblos de Colombia, parecieron insuficientes para recibir el inmenso caudal de  ríos humanos que, sin excepción, clamaron por la libertad de todos los secuestrados y exigieron que una práctica tan cruel e inhumana como es el secuestro desapareciera para siempre de nuestra nación.

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Ríos humanos

No se entendería que un clamor tan unánime -podría decirse que una súplica tan generalizada- no fuera escuchado por quienes haciendo gala de sentimientos que ni siquiera podrían compararse con los de las especies animales más feroces, han hecho de ella su forma de enriquecimiento o de presión política.

Imposible calcular el número de personas que se unieron a las dos marchas bumanguesas, a su culminación en la plaza Luis Carlos Galán Sarmiento o a las innumerables manifestaciones realizadas en todo el país; lo que no admite la menor duda es que Colombia entera se sintió comprometida por tan noble causa y, en un inmenso gesto de solidaridad, se hizo sentir en los espacios públicos con los gritos de “No más secuestros”, “Libérenlos ya”, o consignas por el estilo que claramente expresaban un repudio total a la ignominia que significa la privación injusta de la libertad.

Otra expresión fehaciente de lo que es Colombia, en términos de su cultura y de su  civismo fue la realización de incontables conciertos musicales a lo largo y ancho del país. Desde Leticia hasta la Guajira; desde Chocó hasta Guainía se escucharon las voces de Shakira, Vives, Cabas y de muchos otros artistas no tan famosos, pero igualmente henchidos de orgullo patrio.

Especial mención hay que hacer de coros infantiles, acompañados de agrupaciones musicales que en las más ignoradas poblaciones se unieron al coro de quienes claman por la instauración definitiva de la paz.

Así mismo, en una manifestación inconfundible de integración regional, los presidentes de Brasil, Perú y Colombia se reunieron en la zona de fronteras y conmemoraron un nuevo aniversario de nuestro grito de independencia.

El simbolismo que ello implica es de gran importancia, puesto que está diciendo a viva voz que Colombia merece especial consideración de muchos países que, como Francia, Estados Unidos, España, y muchos otros -91 ciudades en 44 países de América, Europa, Asia y Oceanía- conocen nuestra problemática y se adhieren al deseo de que se solucione en forma definitiva.

Ahora que se están presentando tales manifestaciones de fervor, cuando todavía se está celebrando el éxito de la impecable operación “Jaque”, que puso en evidencia el actual desequilibrio de fuerzas entre la subversión y la legitimidad gubernamental; cuando una gran parte del mundo se une a nuestro clamor; cuando la figura de Íngrid Betancourt se ha proyectado a dimensiones que todavía no podemos dimensionar cabalmente, ahora, y sin mayores dilaciones, es el momento preciso para llegar a un acuerdo nacional en el que se sienten las bases para un futuro nacional promisorio.

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Publicada por: Redacción Editorial