2008-12-09 05:00:00

Los fantoches de la postmodernidad

¡Ah, las que ve uno a medida que pasan los años! Si un fotógrafo le dice a un jurista, sapiente, disciplinado y sensato, que pose para una fotografía, será testigo de cómo el entrevistado, incómodo ante el despliegue de cámaras y luces, con torpeza se sienta en su escritorio, hace a un lado documentos, libros y diccionarios para que su cara medio aflore entre papeles, mientras al fondo se ven anaqueles de libros. Y si el reportero gráfico le propone que la foto se tome en el clóset, se lleva un rapapolvo de antología.

Comparta este artículo ›

Los fantoches de la postmodernidad

¿Podrá alguien que sea serio escoger como sitio para una fotografía de prensa su clóset y posar entre 30 pares de zapatos, 65 camisas, 30 vestidos y 20 frascos de loción? No. Esa persona podrá ser exitosa, pero lo que realmente es, es un fantoche presumido y nada más.

El caso típico de tal clase de bufones es el de Abelardo de la Espriella. El y sus pares son el subproducto de la postmodernidad, etapa de la decadencia de Occidente por la que desafortunadamente atravesamos.

De la Espriella y sus iguales solo son una caterva de figurones que viven hambrientos de figuración. Sus categorías mentales les permiten, sin reato, ser defensores de Natalia París, o de Madame Rochi, y al mismo tiempo de Salvatore Mancuso, o de Rocío Arias, y con gusto lo serían del “Mono Jojoy”, o de David Murcia, o de cualquiera que aparezca y sin rubor, ni reato de conciencia, consideran que ello es consecuencia de su éxito. ¿Y la coherencia y sensatez dónde quedan? Arrumadas, como quedaron las clases de Ética que recibieron en la universidad y la moral que ensartaron en la mata de mora.
Para ellos los valores no tienen espacio pues todo lo copa el oropel y la figuración.

Se desesperan si no son noticia pues su éxito pone una posadera en el mundo frívolo y la otra en salir en la prensa. Ello es el pañete con el que tapan su poco sólido intelecto y para ocultar sus falencias buscan quien emborrone cuartillas de prensa hablando o escribiendo sobre ellos.

Estos fantoches todo lo vuelven trizas. ¿Alguien imagina a cualquiera de los maestros del Derecho que en Colombia ha habido, cómo Antonio Rocha, Ricardo Hinestrosa Daza o Alfonso Reyes Echandía, para citar solo a tres, posando entre su ropa?

Estos subproductos de la postmodernidad son solo exitosos. ¿Y qué es el éxito? Una peligrosa papa caliente que quema las manos de todo aquel que la toma creyendo que podrá apañarla a gusto.

Publicidad
Publicada por: Eduardo Muñoz Serpa