2008-12-11 15:29:31

Cartas al cielo

Dios: por estos días algunos dicen que lo ven en los nacimientos, otros afirman que desde ya se encuentra en el corazón. Los más tristes se la pasan diciendo que de un tiempo a la fecha usted ni siquiera los tiene en cuenta, y no faltan los científicos que aseguran que no podemos conocer otra divinidad distinta a la razón.

Comparta este artículo ›

Cartas al cielo

Con todo respeto esta es una carta, de esas que en sobres de molde se le mandan a una persona para darle cuenta de algo. Es una sencilla misiva escrita por algunos para tratar de encontrar respuestas sobre lo que les ha pasado este año.

Ellos desean preguntarle por qué este 2008 permitió que les pasaran tantos horrores y tragedias. Por qué la miseria del mundo les destrozó el corazón.Es más, quieren saber dónde estaba usted cuando más lo necesitaban.

Los que se atreven a cuestionarlo admiten que ellos mismos no han tenido la precaución de vivir y de tomar las decisiones acertadas para que las cosas les salgan tan mal.

Reconocen, que durante estos meses han ido por la vida sembrando de espinas sus caminos, sin pensar que algún día regresarían y se encontrarían en el mismo trayecto, viviendo el viacrucis de errores que han cometido.

Aún así se preguntan: ¿Para qué tantos padecimientos?
A los que se les fue un ser querido aún no entienden el por qué de la partida, a quienes se les ahuyentó el amor desean saber en qué fallaron y a los que no se les cumplieron sus sueños añoran saber en qué momento se equivocaron.

Así como los menores hacen una carta para el “Niño Dios”, donde le escriben los regalos que quieren recibir, los grandes quieren redactarle un mensaje para encontrar respuestas a lo que les ocurre.

Ellos no van a poner sus peticiones en el Pesebre de Belén, sino en lo más profundo de sus corazones. Saben que usted siempre es sensible al corazón y jamás permitiría que algo malo les vuelva a ocurrir.

No piden milagros ni ayudaditas. Sólo le solicitan que les permita recuperar la fe, extraviada por los avatares de la vida y, sobre todo, por las angustias que este año le han rodeado.

Esta carta no pretende ser un contrato, ni una promesa. Es un desahogo y anhela ser una bendición que llegue del cielo. Quienes la firman están seguros de que, con su respuesta, podrán aliviar los dolores del alma que hoy los abriga.

Ejercicio

Mírese al espejo y descubra en el reflejo de ese vidrio a un testigo mudo, a una especie de confidente helado de lo que usted realmente ha hecho con su vida durante este 2008 que termina.

Cuando se vea tenga presente que Dios no es el responsable de esa imagen que usted ve. O sea que no le puede ‘echar la culpa’ por algo que Él no hizo.

Su destino, sus acciones y, en general, todo lo que le ocurre es un árbol en flor que usted balancea, no con el aire que nos regala el Altísimo, sino con el vaivén de sus propios sueños y angustias.

¿... Y usted quiere escribirle a dios?

A Dios no hay que comprarle postales, ni nada por el estilo. Con Él sólo es necesario ser sincero, abierto y directo.

Si usted quiere escribirle unas líneas, debe cerrar sus ojos por un instante, pensar en lo que le quiere decir, alistar un papel y un lápiz y proceder a hablarle.

¿Quiere un ejemplo?
Veamos un texto de alguien que alguna vez le envió una misiva al cielo:
Señor Jesús:

Sé que últimamente he estado muy distante y le pido disculpas por eso. A veces me alejo de usted, porque no sé cómo mirarlo a la cara.

He intentado orar, pero no puedo. Hay un parloteo interior que me hace pensar que eso no sirve para nada.

He querido encontrar asesoría en otras personas, pero al final mis ansiedades y angustias vuelven a su sitio inicial.

No sé si deba hacerlo pero quiero pedirle serenidad, valor y sabiduría para hacer y aceptar lo que usted me quiera enviar.

Reconozco que las cosas en mi vida, a decir verdad, no son tan malas. Todo lo contrario, soy un malgradecido. Pero también siento que me falta algo; a veces no le encuentro sentido a mi vida.

Entiendo que debe estar muy ocupado atendiendo mil cartas, de todas formas espero que mis líneas le sirvan para darme la luz que necesito.

Gracias Señor por escucharme, sé que encontraré respuesta muy pronto.
Le encomiendo mi trabajo espiritual, mi familia, mi salud, mis proyectos y a todo mi grupo de compañeros. Espero su guía para que todo salga bien.

Hasta que uno no sienta la verdadera alegría de Navidad, no puede escribir cartas. Todo lo demás es apariencia, muchos adornos. La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas, la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante. 

Publicidad
Publicada por: eardila@vanguardia.comEuclides Ardila Rueda