2008-12-15 11:17:18

Dinero circulante

Una de las funciones del dinero es la de servir como medio de pago, lo cual le otorga la característica, muy particular, de ser de curso forzoso, es decir, de convertirse en la medida de valor sobre la cual se deben adelantar todas las transacciones económicas que se realizan.

Comparta este artículo ›

Dinero circulante

Como existe un acuerdo social, en este sentido –a menos que estemos interesados en volver a la etapa del trueque– el dinero desde hace mucho tiempo presta un servicio público o en otros términos, es una mercancía de utilidad pública, como lo son otros servicios, valga decir, educación, energía, agua, salud, seguridad, ciudadanía, patria potestad, y que el Estado debe regular para su buen funcionamiento.

Esta función es tan arraigada en el ordenamiento jurídico de los países, que cierta parte de las condenas por incumplimientos de determinadas normas, se traducen a su equivalente en dinero, como por ejemplo, las multas por infracciones al tránsito o la violación de acuerdos sobre sana convivencia en general y otros delitos que son castigados con tiempo de cárcel, más el pago de una indemnización en dinero.

No ha sido fácil regular la cantidad de dinero en circulación, porque además del papel que debe cumplir como medio de pago, el exceso del mismo, comparado con la capacidad de producción de una economía, puede generar inflación y traer consigo otras consecuencias que trastornan el normal funcionamiento de los mercados. A esto debemos adicionarle que el uso del mismo tiene distintas connotaciones y queda en manos de las autoridades monetarias de cada país, regular su operación, de conformidad con los criterios y necesidades establecidas desde el ministerio de hacienda.

Ahora, a mayor informalidad económica, existe una mayor demanda de circulante o mejor, en tales condiciones, la propensión al dinero físico en circulación es mayor, dada la presión que se ejerce sobre la demanda del dinero en efectivo. Así mismo, cuando existe un alto componente de tecnología en las transacciones financieras, la demanda de dinero físico disminuye y esta función es asumida por el mercado electrónico. No es este el caso colombiano, donde existe una gran informalidad económica que supera el 52% de la generación de ingresos en la población.

Si le adicionamos el 4 por mil y tenemos en cuenta que la bancarización no llega al 38% de los económicamente activos, pues la necesidad de circulante se acrecienta. Además, la existencia de una economía subterránea –contrabando, actividades ilícitas, narcotráfico– más el rebusque; se dan, las condiciones ideales para que la gente esté dispuesta a pagar el gota a gota y le apueste a quienes le ofrezcan altos retornos de ilusión.

Publicidad
Publicada por: JAIME CHÁVEZ SUÁREZ