2008-12-15 11:18:43

El libro de Álvaro Pablo

Mi primo Álvaro Pablo Ortiz, escribió un libro sobre ese hombre “soñador de largo aliento y también pragmático a ultranza, hiperactivo a marchas forzadas” un ser bipolar al mejor estilo de la psiquiatría, ese mismo ser que se volvió un mito en vida y sobre todo mito gigante después de su muerte, Geo Von Lengerke:

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El libro de Álvaro Pablo

 Constructor de Caminos, ese teutón que quiso abarcar este mundo donde todo era “telúrico y primitivo” todo era luminoso y alegre, todo era también triste porque triste fue su muerte en medio de la pobreza y la soledad.-

Su vida, sí, su vida fue una obra gigantesca donde la desmesura fue la impronta vital y eso suponía que su lucha por hacer de Santander un estado moderno estaba atada a esa vocación, a esa audacia de poner en escena obras de dimensiones no soñadas porque soñar fue parte de su vida, su lucha fue titánica para sacar adelante ese pedazo de tierra que lo enamoró para siempre, la tierra que lo alejó y lo acogió, que le hizo olvidar los fríos de su tierra germana.

Eso quiso Lengerke, despertar esa tierra, “aprestarla para metas más ambiciosas, desatarla del nudo rural y provinciano en el que palpitaba oscuramente su corazón por entonces”. Bebedor compulsivo, mujeriego “de tiempo completo”, lector empedernido de Holderlin, Novalis, “predicador de las virtudes luteranas”, dilapidador y propiciador de ambientes cortesanos, “proclive en ocasiones a la tolerancia y en otras a la psicorrigidez”, virtuoso del piano y excelente conversador (ese arte que Borges elevó a virtud), emotivo y a la vez calculador, encantador y sombrío al “unísono” con esa voluntad unas veces de hierro y otras frágil como la que más. Soñador, mitad mercader, mitad pirata. “Un tipo astuto, batallador, bebedor consuetudinario, de pocos escrúpulos y propenso al sibaritismo”, bebedor de “guarapo, champaña, vino blanco y enaguas” que endulzaban su vida solitaria de señor feudal.

Vivió recorriendo todos los rincones de este departamento, acogido por las mujeres que sabían, que intuían su generosidad, su espíritu libertario, su vocación de constructor de caminos, su vocación a la soledad, a los sueños, a la alegría, a la añoranza de su tierra, Alemania, a la que cambió por la luz y las montañas, por la roca eterna que nos ronda, por la selva donde los mosquitos son millones y con él llegaron otros alemanes que nutrieron nuestra sangre.

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Publicada por: DONALDO ORTIZ LATORRE