2008-12-20 05:00:00

Errores sexuales de ellas

Hace cerca de un mes el sexólogo Rod Phillips publicó un estudio sobre los errores del hombre en la cama que, como imaginarán, provocó toda clase de reacciones entre las señoras. Ahora, para compensar, el diario español “20 minutos” acaba de presentar la contraparte: “los 50 errores de ellas en la cama”.

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Errores sexuales de ellas

El problema para presentarles este valioso material es lo pequeño (del espacio), por lo que con Crótatas nos pusimos en la tarea de resumirles los puntos que pueden considerarse como “errores muy graves” de ellas cuando, de milagro, no están con ese verraco dolor de cabeza que aparece siempre que ellos quieren ponerse a hacer cositas con ellas. Veamos, pues, cómo es la cosa.

En estos tiempos modernos, en que las mujeres se volvieron ejecutivas, han dado por “agendar” hasta el acto sexual. Así, si uno les pide un delicioso ratito de esparcimiento con lo que la naturaleza nos dotó, ellas, en lugar de sonreír, picar el ojo, subir un poco la falda o separar los pies, como hacían antes, lo que abren es la agenda para darnos fecha y hora para el encuentro del pechito con pechito y ombligo con ombligo. Éste es un error fatal, el hombre no funciona así y lo más seguro es que salga disparado a buscar otra menos ejecutiva.

Siguiendo con el modernismo, no hay nada más desagradable que apenas comience la función, ellas, en el acto, se pongan a hablar de negocios, de que no sube el interés, de que está muy pequeño el encaje bancario o que sienten deprimido el movimiento de las bolsas. Hablar de estas cosas mientras se practica el sexo puede hacer estéril a cualquier hombre.

Ahora, una queja frecuente de los varones es que les desagrada sobremanera que antes de practicar el sexo oral, cuando Plutón ha puesto en movimiento la lava dentro del volcán interior masculino, a ellas se les dé por hacerse una moña. Esa, junto con detener todo porque les da por hacer “pis”, es la vaina más desconsiderada, dolorosa y absurda que pueden hacer con sus parejas.

Los hombres, finalmente, piden a las damas “jugar” con los testículos con delicadeza, pues no son de goma y que no cojan sus penes con demasiada energía. Este implemento no es un garrote ni un micrófono. Por último, señoras, si quieren una reerección, ni se les ocurra preguntarles si aquello ya “está adentro” pues les destrozarían la autoestima y no los volverían a ver nunca en la vida.

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Publicada por: Jairo Alfonso Martínez Gómez