2008-12-20 05:00:00

Jesús, amor y paz

El gran mensaje de Jesús, el hombre que partió la historia de la humanidad en dos y que nos enseñó a ver nuestra vida desde una perspectiva más gratificante y amable, está centrado sobre estos dos importantes sentimientos del alma humana: el amor y la paz.

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Jesús, amor y paz

En una época en la que la norma obligada era la Ley del Talión “Ojo por ojo, diente por diente”, su revolucionario mensaje afirmó que, para poder tener paz en el propio corazón, había que aprender a perdonar y había que aprender a amar al prójimo, es decir, a todas las demás personas, incluidos a nuestros enemigos y a las eventuales personas que transitoriamente se cruzan en nuestro camino, así no fueran conocidos desde antes, como bien lo consignó en la hermosa “parábola de buen samaritano”.

Según el oportuno y cierto mensaje de Jesús, nadie externo puede traer la paz a nuestros corazones, porque la paz es una construcción interior que sólo uno mismo puede realizar cuando siembra el amor en el propio corazón a través del perdón y de la necesaria comprensión de la falibilidad de nuestra propia naturaleza humana.

La única manera de lograr la paz en nuestro bello y paradisíaco país Colombiano, consiste en sembrarla en el corazón de cada Colombiano a través del amor; un amor que le dé sentido a nuestra existencia a partir del amor a lo más significativo que todos tenemos, nuestra propia familia; un amor que nos permita entender que somos seres falibles porque estamos apenas en estadio muy inicial del proceso de nuestra propia Evolución Espiritual; un amor que nos permita entender que la única manera de lograr nuestra salud física, mental y espiritual consiste en erradicar totalmente de nuestros corazones toda forma de temor, de odio, de envidia, de rencor y de cualquiera de las múltiples formas que toman los sentimientos negativos que envenenan el alma.

Sólo si tenemos la paz en nuestro corazón, podremos vivir a plenitud, lograremos la tan anhelada “felicidad” y la esquiva “suerte personal” vendrá a nosotros abundantemente, como una elemental consecuencia de la llamada “Justicia Divina” que hace que el universo nos participe de su abundancia, como una justa, equilibrada y equitativa respuesta a la abundancia de nuestro propio corazón.

¡Que la paz y el amor inunden tu corazón y el de todos nuestros compatriotas, como una válida y lógica consecuencia de haber dado cabida a nuestra alma a la navidad del Maestro Jesús, para que por fin se logre la anhelada “Paz de Colombia” y la tan esperada “Felicidad de todos los Colombianos”!

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Publicada por: Jaime Luis Gutiérrez G.