2008-12-22 05:00:00

¡Que respondan!...

Se va a acabar el año y como suele suceder en este país, pasaremos la página del escándalo de las pirámides y a lo mejor reabriremos aquella otra muy triste de la segunda reelección. Los ambiciosos y los colombianos con alma de narco que invirtieron en DMG su plata, se quedaron viendo un chispero.

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¡Que respondan!...

Los pobres estafados, con la navidad más amarga de sus vidas. Los bancos, endureciendo cada día más los créditos y cerrándole las puertas a los más necesitados, y mientras tanto, Abelardo De la Espriella y Jaime Bernal Cuellar disfrutando de la impunidad que se les brinda a ciertos personajes de cuello blanco en Colombia.

A Guillermo Díaz Salamanca, lo sacaron de RCN, y aunque tarde, supo reconocer su error. El Círculo de Periodistas de Bogotá devolvió también la platica que había recibido de Murcia Guzmán, y otros más serán llamados por la justicia para hacer lo propio, mientras estos dos ilustres abogados seguirán cobrando jugosísimos honorarios para defender tramposamente causas ilícitas como quedó comprobado con la DMG.

Los medios se callaron de repente, y a Bernal Cuellar lo sacaron rapidito del asunto. Las revistas de ‘jet-set’ se transaron por unas exclusivas del matrimonio de De la Espriella, y el Fiscal, por supuesto no moverá un solo dedo para investigar y acusar a sus amigos.

El episodio deja claro que no existen en este país autoridades disciplinarias que sean capaces de investigar ciertos honorarios que parecen estrafalarios a todas luces y que terminan siendo otra forma de lavar dinero. Tampoco hay en Colombia - como sí ocurre en algunos países del norte – una entidad que vigile el dinero que reciben los abogados de personajes incursos en delitos económicos.

Pero lo que parece más grave aún es que muchos de estos abogados terminan prestando indirectamente sus servicios a mafiosos y narcotraficantes de las peores layas sin que sus nombres figuren en los expedientes.

Existen prácticas non sanctas pero recurrentes que no han sido investigadas suficientemente pero que podrían comprometer a muchos de los más influyentes accionistas de sonados bufetes en Colombia.

Nadie ha investigado cómo funcionan las oficinas y los abogados ‘satélites’ que les permiten a muchos ‘honorables’ abogados mover sus fichas y asesorar jurídicamente a poderosos delincuentes sin que tengan que comparecer a juicio, pues para eso están los subalternos que prestan sus firmas para aparecer apenas nominalmente en los memoriales, cuando detrás de la estrategia jurídica realmente están los peces grandes.

La ética profesional no puede significar la desaparición del derecho de un procesado a encontrar un defensor técnico que lo asista, pero tampoco puede llegar a los extremos de lo indecoroso y al saneamiento de dineros ilícitos que se convierten mágicamente en honorarios legítimos cuando entran a las arcas de unos cuantos abogados. ¡Que respondan!

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Publicada por: José Manuel Acevedo M.