2008-12-22 05:00:00

La guerra perdida

Podemos pensar que existe despu√©s de miles de a√Īos una guerra a muerte entre la humanidad y el planeta, guerra que va perdiendo el planeta, que van perdiendo los recursos h√≠dricos, la flora, la fauna y por supuesto m√°s tarde nosotros, sus habitantes.

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La guerra perdida

Ning√ļn terremoto se resiste. El mar entra en tierra y en una hora se engulle como un drag√≥n de f√©tido aliento, un mill√≥n de personas. Los r√≠os se salen de madre y anegan todo lo que encuentran a su paso, campos, enseres, animales y seres humanos. Los volcanes vuelven a eructar azufre y lava y esa lava rueda montes abajo arrasando bosques, quebradas, aves, etc. etc.

Estos desastres han sucedido siempre, pero los zarpazos de la madre naturaleza son cada vez m√°s violentos y parece que los realiza ya en defensa propia, ag√≥nicamente. El planeta tierra, tiene como todos los seres, conciencia, memoria y sentidos. Ella sabe que la humanidad posee las armas para destruirlo varias veces por si acaso, y, que est√° dispuesta a llevar esta guerra hasta el mutuo exterminio como se lee en la ¬ďCarretera¬Ē de Macarty, el norteamericano que ve asomarse ya el apocalipsis, donde el hombre devora todo.

Desde el día en que el mono cayó de la rama de un árbol, se puso a caminar dos piernas, cambió las hojas y las frutas por la carne y generó la propia inteligencia rascándose las axilas, este ser no ha dejado de arrasar con todo, sin que haya encontrado la forma de estarse quieto un solo instante.

Encima, cuando la divinidad entr√≥ en la historia, lejos de aplacar esta ansiedad corrosiva, insufl√≥ en el cerebro del primate la gloria y la destrucci√≥n en un mismo concepto con el fin de que lograra la haza√Īa de llegar hasta el fondo desconocido de todas las cosas. Este designio se ha cumplido y ahora mismo la humanidad parece tambi√©n un mar desbordado. Vayas donde vayas, monta√Īas, valles, ciudades, litorales, carreteras, todo est√° lleno de gente deglutiendo, obesas de tanto deglutir¬†y echando veneno sobre el firmamento. Las playas¬†llenas de carne sonrosada en est√°s √©pocas donde el hombre, debe dedicarse a pensar, a reafirmar su compromiso con la vida y con el esp√≠ritu,¬†a reflexionar sobre su destino. No, es la √©poca de despliegue econ√≥mico, de la riqueza vana. Se trata del tsunami humano.

La multitud desborda todos los espacios con inmensas colas estáticas en las calles, espectáculos, estadios, hospitales, hasta el punto que el vacío ha llegado a convertirse en la suprema aspiración de serenidad y de belleza. La naturaleza y la humanidad ocupan dos frentes ideológicos irreconcilliables. Va perdiendo la hermosa tierra donde ya no existen animales bellos porque el hombre los ha destruido, ni plantas, ni flores, ni cielo. Ser progresista consiste hoy en ponerse de parte del planeta en esta guerra a muerte.

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Publicada por: DONALDO ORTIZ LATORRE