2009-01-05 05:00:00

El Maestro Julio

En la más prosaica de sus definiciones, y al mismo tiempo la más probable, los periodistas solemos tener un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad. Que no es cualquier cosa si se miran las dimensiones del mundo de hoy y el alcance de las telecomunicaciones.

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El Maestro Julio

Aquí se salta en un segundo de la franja de Gaza a los retos de Obama o al incendio que deja 59 muertos en una discoteca en Tailandia; como se pasa del salvaje atentado con una granada a una fiesta de fin de año a la paliza a un antitaurino en la plaza de toros de Cali, o a la bala perdida de todos los 31 de diciembre que siempre encuentra un niño en su carrera de muerte.

Las abuelas dirían que a veces nos damos mañas. Y si no es así, al menos debemos dar la impresión de que podemos con tanta cosa. No hay nada peor que un periodista que no lo sepa todo, dirá la gente en la calle. De acuerdo, estimado lector, no hay nada peor.

A Julio Nieto Bernal la cabía todo en esa prodigiosa cabeza de santandereano humanista y demócrata. Todo y algo más. La vida me dio el privilegio de tenerlo cerca, no en las cabinas de radio, ni en los estudios de televisión, o en las editoriales.

Al “Doctor” Julio, como yo le decía con el más absoluto de los respetos, lo conocí en las tertulias para dos que hacíamos muy a menudo, a veces antes de las ocho de la mañana de los domingos, cuando mi mujer, acostumbrada y entre dormida, me pasaba el teléfono. “Debe ser el doctor Julio…”.

Entonces, me rajaba. El Maestro me rajaba, porque a esa hora estaba de acuerdo con el editorial de El País de España, menos en lo que tenía que ver con la estatura política de Zapatero. Y enseguida, sin que yo alcanzara a decir que sí o que no, o que por el contrario, se manifestaba temeroso de que las predicciones de Clarín de Argentina sobre el negro futuro de River Plate se cumplieran.

Yo, ya bien despierto, tomaba el hilo y le hacía algún mal chiste sobre lo bueno que le pasaran cosas malas al mismo tiempo a River, a Millos y al Real Madrid, y él se desquitaba con la estadística exacta de cuántos minutos llevaba Santa Fe sin hacer gol de cabeza. Entonces, nos reconciliaba un favorito de ambos: José Tomás.

Pero ese era sólo el comienzo, porque enseguida venía la parte gruesa. Sus críticas feroces, como debían ser, contra todo lo que se llamara componendas, encerronas, trapisondas, entuertos, lagartos, en fin, todo esa fauna y flora social y tropical que nos cerca de diario.

Quiso tanto a este país que siempre le dolió la injusticia secular y la rapacidad de algunos, en ese corazón inmenso que no le cupo en el pecho este fin de año y comienzos del nuevo. Y ahí está su ejemplo, sin aspavientos, no dejó de trabajar jamás.

Porque a donde uno se lo topaba: en un concierto de la Filarmónica, en la última película afgana llegada al país, en el lanzamiento del libro más interesante y menos comercial, aprovechaba para inspirar nuevos trabajos y proponer otros enfoques.

A quienes quisieron sacarlo del oficio hace unos años por la puerta de atrás, hay que decirles que perdieron por nocaut. No se arrincona la sabiduría, ni se tapa el sol.

Se fue un hombre digno, pero queda la dignidad que nos enseñó. Se fue un hombre culto, pero nos dejó abiertas las llaves de las aguas puras en las que vamos a seguir bebiendo. Se fue un Maestro en estos tiempos en que abundan los figurines.

Los domingos en las mañanas ya no habrá Doctor Julio. Es duro, pero manejable. Al fin y al cabo no pasa de ser una simple pausa.
Hasta siempre Julio Nieto Bernal.

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Publicada por: Víctor Diusabá Rojas