2009-01-09 05:00:00

Alarmas que no suenan

El comienzo de este año fue sorprendido con las alarmas que prendieron los medios sobre la necesidad de regular el uso del licor por parte de los adolescentes, ante la muerte trágica de un joven en la llamada “Zona Rosa” de Bogotá.

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Alarmas que no suenan

Una vez más, como muchas otras, la alarma se prende, pero nada efectivo se hace al respecto para tratar de aminorar el impacto del consumo irresponsable del licor, por parte de aquellos jóvenes que no tienen ni idea del alcance que puede tener la alucinación que las bebidas alcohólicas produce.

Y mientras esto pasa, cada vez hay más establecimientos que venden irresponsablemente esas bebidas a los menores de edad. Hasta las grandes cadenas de supermercados han sido sorprendidas en esta práctica y ya podemos comprobar también que a domicilio se despachan los pedidos sin reparar a manos de a donde van a parar.

Pero más que el problema que padecen los jóvenes y de la irresponsabilidad de las autoridades para hacer algo, está también el descuido pernicioso de los padres que dejan que sus hijos salgan hasta altas horas de la madrugada sin reparar qué están haciendo, ni en qué estado están regresando a sus hogares.

De esos excesos se desprenden las riñas personales con los consabidos saldos trágicos, los accidentes de tránsito y la incursión en un vicio que muy seguramente irá a acompañar toda la vida a quienes incurren en él.

Es hora entonces de oír esas alarmas y de hacer algo concreto y efectivo. Las autoridades no pueden sacar el quite en lo que les corresponde y desde luego los padres tampoco. Se requiere autoridad en ambos casos y decisión para abordar el tema, con la adopción de medidas que efectivamente produzcan el impacto esperado.

No podemos seguir en el círculo vicioso de alarmarnos por un instante y dejar que todo siga igual, mientras la alarma vuelve a sonar, tal vez sin que nadie quiera oírla.

Apostilla:  Que este nuevo año sea para todos los lectores lleno de propósitos positivos para crecer. Ese propósito, debe estar acompañado de un plan y del diseño de unas etapas que hay que cumplir. Todos esperamos ansiosos cambios sustanciales en nuestras actividades y en nuestras formas de vida, pero esa intención tiene que tener bases y estructuras para que los resultados se puedan avizorar. El cambio positivo tiene que ser siempre un anhelo medible y realizable en todas las personas. Feliz año.

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Publicada por: EDUARDO DURÁN GÓMEZ