2009-01-15 05:00:00

Medusas de la vida

Ellas poseen filamentos largos y con espinas. Se alteran por cambios de temperatura o por algún tipo de presión, y a veces le inyectan a nuestro espíritu toxinas que nos hacen bajar la guardia.

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Medusas de la vida

Son las medusas de la vida, esas ‘aguas malas’ que con frecuencia nos lavan y nos dejan bien aburridos.

¿Saben? llegan cuando menos las esperamos. Su presencia nos deprime tanto, que queremos mandar todo a la basura.

Ellas, las medusas, nos hacen sentir como ese niño que está frente a la orilla de mar, equipado de cubos, palitas, protectores solares y gorritos, listo a disfrutar del agua, y de pronto la mamá le grita: “no te metas al mar porque es peligroso”.

Los odiosos bichos del océano nos dejan con picaduras muy dolorosas en piernas y brazos, mientras que las medusas de la vida terminan por franquear nuestra actitud.

Alguien comparó a las medusas espirituales con los altibajos normales de nuestra vida, como esas cucarachas que nos llegan de repente.

Otros dicen que ellas son sólo los resfriados de nuestras emociones y no faltan los que las llaman como ‘nubes negras’. En el programa ‘El Chavo’, de manera simpática, las titularon como los ‘Espíritus Chocarreros’. ¿Si recuerda?

Sea como sea, en algún momento de nuestra vida todos hemos sido picados por las medusas de las que hablamos hoy en esta Página de Espiritualidad.

Lo que tal vez no alcanzamos a imaginar es que esas medusas, más que problemas, son mecanismos de defensa que se utilizan para advertir señales de peligro.
 
Muchas veces las medusas son personas que llegan a nuestra vida y nos transmiten malas energías. En ocasiones las medusas se ven reflejadas en esos esos chismes que escuchamos por ahí y que terminan por alterarnos.

Esas personas, esos comentarios mal intencionados y, en general, esos altibajos están ahí para que recapacitemos y no les prestemos atención a bobadas.

Las medusas del mar aparecen en las corrientes para advertirle a alguien que por ahí no debe nadar. Lo propio pasa con las medusas de la vida: son voces que nos susurran al oído para que recompongamos la manera de nadar o, mejor dicho, la forma de vivir.

Al principio no lo entendemos, pero gracias a esas medusas rectificamos nuestros caminos.

¿Quiere un ejemplo?

 

Si alguna vez vio la película ‘Buscando a Nemo’ recordará que el ‘papᒠde este encantador pez tuvo que atravesar las medusas del océano australiano para recomponer su camino y encontrar la marea que lo llevaría hacia su pequeño hijo.

¿Quiere saber algo positivo?

Las medusas son pasajeras, no duran mucho tiempo. A las que nos pican de vez en cuando les ocurre como a las medusas del mar: viven suspendidas y sólo tienen una ligera capacidad de movimiento. Tanto que son incapaces de vencer las corrientes marinas.

Así que si por estos días lo ha tocado una de esas medusas, ¡fresco! Es sólo cuestión de recomponer el camino y, sobre todo, mirar hacia el frente. De hecho, lo mejor está por venir.

sólo un mito

Cuenta la leyenda que Medusa era una mujer hermosa y tentadora, como el más dulce de los pecados. Era tal su belleza que Poseidón, dios del mar, quedó flechado por ella y no descansó hasta conseguir satisfacer su deseo, contra la voluntad de la muchacha.

Atenea, diosa de la pureza y la castidad, se sintió ofendida por ese amor. Luego castigó a Medusa pues simbolizaba todo lo contrario a ella: deseo y carnalidad.

Los cabellos de la joven se volvieron serpientes, sus ojos adquirieron una intensidad tal que si se le miraba de una manera fija, la gente se volvía de piedra.

Medusa se había transformado en un monstruo, pero aún así se hacía valer por su andar provocador y sensual que hipnotizaba, casi tanto como su mirada.
Atenea, viendo que su castigo no había tomado los tintes que ella esperaba, envió al valeroso Perseo a que cortara su cabeza.

Éste, de una forma inteligente, usó su escudo a modo de espejo para que Medusa se reflejara en él y, de este modo, pudiera vencerla y entregársela a la diosa.
Desde entonces la cabeza de Medusa fue imagen del escudo de la casta Atenea, como instrumento para atemorizar al enemigo. De esta forma se unieron la perversión y la virtud, porque nunca nada en la vida es tan bueno, ni a la vez tan malo.

Reflexión: a veces los problemas no son tan malos como parecen. Al menos nos enseñan a buscar salidas para tener mejores opciones en la vida.

 

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Publicada por: eardila@vanguardia.comEuclides Ardila Rueda