2009-01-15 05:00:00

El Viceministerio de Justicia

Lo ocurrido preocupa. En el curso de los últimos 365 días ha habido tres viceministros de Justicia. La inestabilidad en dicho cargo hace prender las alarmas pues  quien ocupa tal dignidad es la cabeza real de toda la actividad que hasta comienzos del gobierno Uribe Vélez estuvo a cargo del Ministro de Justicia.

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El Viceministerio de Justicia

Los teóricos que pontificaron sobre la reducción del Estado (que en algunas cosas acertaron y en muchas dieron palos de ciego) consideraron que esa cartera ministerial no era necesaria, que de esas funciones se podía hacer cargo el Ministerio de Interior y que se nombraría un viceministro que fuera la real cabeza administrativa de las funciones que antes tuvo todo un ministerio, tarea para la cual estaría rodeado de un pequeño equipo de burócratas.

La idea sonó interesante en teoría, se le hizo eco y se le dio bombo en la prensa bogotana y pronto Colombia quedó sin Ministerio de Justicia, como también quedó sin Ministerio del Trabajo. ¡Y vaya si han hecho falta uno y otro!

El asunto se complica con el temperamento del ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, con quien no es fácil trabajar.

La prueba de ello es que hace un año el viceministro de Justicia era Guillermo Reyes, poco después de que se posesionó el doctor Valencia Cossio como ministro del Interior se designó al doctor Edgar Sanabria (quien duró solo algunas semanas) y luego se nombró al doctor Gilberto Orozco, quien acaba de renunciar, luego de estar menos de siete meses en el cargo.

Tal grado de inestabilidad en tan sustancial dignidad, en un sector que es fundamental para el buen funcionamiento de la Rama Ejecutiva del Poder Público, precipita grandes inconvenientes en la marcha de parte del aparato estatal.

Algunos comentaristas dirán que eso no es problema, que no ha ocurrido nada y que pronto veremos cara nueva en dicho viceministerio, ¿y cuánto durará aquel que acepte tal dignidad?

El país no puede seguir dándole trato de segunda a lo que antes fue el Ministerio de Justicia pues las consecuencias serán graves a mediano y a largo plazo.
La táctica de minimizar aquello en que hay yerros no es la más prudente y por eso es necesario que la opinión pública tome conciencia que con tantos tumbos no puede marchar en forma coherente y correcta el aparato estatal.

Para ilustrar lo dicho, algunas preguntas, ¿ya está en ejecución una acertada política carcelaria para poner freno a uno de los lunares negros de la actual administración? ¿Qué ha pasado con el atraso que hay en materia de construcción de cárceles? ¿Y qué del incumplimiento de la orden de la Corte Constitucional de separar en los centros de reclusión a los sindicados de los condenados?

Hoy no hay quien responda tales cuestiones, que son delicadas y desafortunadamente no son las únicas.

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Publicada por: REDACCION EDITORIAL