2008-09-18 04:50:50

La Guajira donde la naturaleza hechiza los sentidos

Ir a La Guajira se convierte para muchos viajeros en la travesía en la que convergen la belleza de la naturaleza, la cultura indígena y la conquista por lo que otros turistas describen como una maravilla en extremo. La Guajira está llena de seducción. Es una mezcla de mar, brisa, sal, colores y extenso desierto que no reúne otro sitio de la geografía nacional.

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La Guajira donde la naturaleza hechiza los sentidos

Estos atractivos hacen que La Guajira y, en especial, el Cabo de la Vela, donde Colombia tiene su fin, hagan parte de la ruta de miles de viajeros.

Allí llegan atraídos por la magnificencia del lugar, por el contraste de su naturaleza y sus colores, por la tranquilidad que vive el espíritu que tiene rienda suelta para llegar renovado al caos de la ciudad, luego de unos días de serenidad.

La Guajira, además de ofrecer el más extenso desierto colombiano, tiene en el Parque de la Macuira, un hábitat de aves migratorias, lleno de fauna y flora peculiares.

Rumbo al fin de Colombia

Una de las experiencias que más deleita a los viajeros al Cabo de la Vela es el recorrido que se debe emprender por un desierto.

Por su condición desértica, el lugar parece más extenso de lo que realmente es, donde no hay señales ni avisos que orienten la ruta.

Cuando se llega al sitio denominado Tres Esquinas se encuentran tres destinos para seguir: Cabo de la Vela, Uribia y Manaure.

La primera estación de los viajeros, muchos de los cuales han pernoctado en Riohacha, será el Cabo de la Vela.

Riohacha es una ciudad pequeña, pero tiene un malecón  y un muelle organizado en el que se puede caminar en la noche y disfrutar de la brisa,  en medio del sonido de las olas. Allí se puede alojar por varios días.

Ahora, si usted viene de Santa Marta y viaja a La Guajira se encontrará con otro paisaje en el que parecen juntarse el mar con las cumbres nevadas de la sierra y, con el paso de los kilómetros, la nieve parece sumergirse en el desierto.

El trayecto desde Riohacha al Cabo de la Vela por vía terrestre es de dos horas aproximadamente, pero se prolonga por las infaltables estaciones.

Lo recomendado, dicen los turistas, es contratar los servicios de un conductor nativo con una camioneta 4x4, cuya experiencia aminora los inconvenientes durante el trayecto; este servicio tiene un costo aproximado de $110 mil por persona, lo que incluye el recorrido por Manaure y Uribia.

En el Cabo de la Vela los turistas se encuentran con el mar que emerge de todas partes para llenar de éxtasis los ojos de quienes llegaron a su encuentro. Allí son famosos el cerro El Faro y el Pilón de Azúcar, dos empinados lugares para observar soberbios atardeceres y hechizar los sentidos con el mar.

“El Cabo de la Vela ofrece una sensación de tranquilidad estupenda, con paisajes  exuberantes que aportan una paz espiritual y una oportunidad de aprovechar playas hermosas, de un colorido especial, limpieza y total quietud de las olas”, dice un viajero.

Para poder conocer bien y disfrutar del lugar, se necesitan al menos dos días, es decir, no se podría ir y volver en el mismo día de Riohacha al Cabo de la Vela.

Hospedaje, comida...

En el Cabo de la Vela hay hospedajes sencillos y cómodos, llamados rancherías, que se encuentran al final del recorrido. Usted puede quedarse en una cabaña, ya sea para dormir en hamaca ($25 mil por persona) o, si lo prefiere, puede dormir en una cama ($35 mil persona).  Las cabañas cuentan con baño privado, ducha, lavamanos y son bien presentadas.

Otra de las diferencias de La Guajira como destino turístico está en la tarde de ranchería en Uribia, considerada la capital indígena, donde además de hacer parte de una experiencia con los Wayúu, se disfruta y aprende.

Los turistas son recibidos con una charla sobre las costumbres y forma de vida de los Wayúu; ofrecen un coctel y una porción de algo así como chivo sudado y bollo limpio, que es su plato típico. También dan a degustar la chicha y hacen una presentación de uno de sus bailes típicos, en el que los turistas pueden participar.

Todo ello hace parte de la llamada tarde de ranchería, la cual tiene un costo con transporte de $35 mil por persona.

Si aún quiere conocer más de la comunidad indígena con mayor población en Colombia, pregunte por las artesanías que elaboran, como bolsos, mochilas o manillas, piezas de compra infaltable entre turistas.

Piscina de sal

De regreso del Cabo de la Vela se recomienda visitar otro de los grandes atractivos, el municipio de Manaure, donde está la explotación de sal marina más grande de Colombia.

Este escenario, que creó la naturaleza entre sol, viento y escasas lluvias, conquista a los turistas, quienes pueden hacer un recorrido en vehículo y apreciar un paisaje que en Colombia no tiene par.

En el lugar el visitante puede apreciar vistosas imágenes que forma la sal, así como el proceso desde la extracción hasta la limpieza, que se hace de forma artesanal y en el que participan los indígenas, en contraste con las máquinas que están del otro lado.

“En general se trata de una región con paisajes estupendos, únicos en el país, con la posibilidad de disfrutar en calma, sin las congestiones que se pueden apreciar en Santa Marta o Cartagena,  y donde la riqueza de sus recursos naturales es el ingrediente fundamental para hacer de ese un paseo diferente. Para quien aprecie la naturaleza y disfrute de la tranquilidad, es un paseo que no puede dejar de hacer”, concluye el viajero.

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Publicada por: REDACCION DESTINOS