Miércoles 05 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

El éxodo ya no da más espera

La ola migratoria venezolana a lo largo y ancho de América Latina ha encendido la alarma regional. Los países se movilizan ante el temor de una crisis humanitaria sin precedentes.

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Archivo / VANGUARDIA LIBERAL
Literalmente en los pies está la supervivencia. Miles de venezolanos emigran a diario de su país, escapando de la pobreza y la crisis económica. Se estima que a diario ingresan a Colombia cerca de 40.000 ciudadanos del vecino país.
(Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Jaime del Río / VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Jaime del Río / VANGUARDIA LIBERAL)

“Por ese gobierno muchos perdimos todo y nos tocó salir a buscar a otros países una vida mejor y, claro comenzar de cero”. Carlos Angarita dejó atrás hace un año una vida holgada con su esposa y su hijo de nueve años en la ciudad venezolana de Valencia, para emigrar a Santiago, en Chile, donde se gana la vida como empleado de una tienda por departamento.

Sin vacilar y con mucha nostalgia en sus palabras, este comerciante de 50 años asegura que escapó de un país en ruina: “no se conseguía nada, comida, medicinas, inseguridad, no se puede vivir así... ese gobierno es lo peor que tiene Venezuela en su historia”.   

No pierde la esperanza de retornar a su país, en un tiempo no muy distante, cuando caiga el “régimen”. 

Su historia retrata el drama humano de la diáspora venezolana, una de las más grandes que se conozcan en la historia de América Latina según la ONU, y comparable según expertos, con lo que ocurre en Turquía con los refugiados que huyen de la guerra en Siria.

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Las cifras del adiós son dramáticas. 

Unos 1,6 millones de personas han abandonado el país desde 2015, cuando se recrudeció la crisis venezolana por cuenta de la hiperinflación, la inseguridad y el desplome del bolívar. 

Colombia, que acoge alrededor de un millón de personas, ha sido uno de los países que  ha soportado el peso de la avalancha de venezolanos que huyen de la pobreza, muchos de ellos a pie o en autostop. Además es un  país de paso para tratar de cruzar hacia Ecuador y, de ahí, a Perú y a Chile, en una penosa travesía de al menos 3.500 kilómetros. 

Es por ello que Colombia  ha salido a pedir una respuesta y medidas conjuntas entre los países de la región. Incluso esta semana el presidente Iván Duque, calificó como “desafiante” para su Gobierno el éxodo de venezolanos.

Los vecinos de Venezuela, que en el pasado optaron por mantenerse al margen de sus tensiones internas, hoy enfrentan una catástrofe en sus fronteras. 

Conscientes de la realidad, ayer en el marco de un encuentro regional en Quito (Ecuador) sobre la emigración venezolana, 11 países acordaron seguir acogiendo emigrantes dentro de un sentido de “solidaridad”, pero también dentro de la “seguridad” para los gobiernos receptores.

Frente a este fenómeno regional sin precedentes, Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario en Bogotá, opina que cada país tiene sus propias dinámicas internas, pero algunos son muy reacios y cuidadosos frente al tema, como Ecuador y Brasil.

Hace énfasis en que se tiene la falsa ilusión de que una vez caiga el régimen de Nicolás Maduro, entonces se resuelve el problema migratorio, pero alerta que no hay medidas de largo aliento ni infraestructura estatal capaz de atender la crisis actual.   

En ese contexto, plantea que en primera instancia es necesario la coordinación entre los países que reciben flujo migratorio en materia interna sobre diferentes temas como educación y política migratoria.

A esto se le suma, según Rodríguez, que Ecuador tiene una tensión adicional con Colombia y con el Gobierno, porque siente que no se ha comportado a la altura de las circunstancias. En Ecuador hoy permanecen cerca de 215 mil venezolanos.

A los ojos de Enrique Serrano, politólogo de la Universidad del Rosario, la crisis venezolana adquirió las características de verdadera diáspora y de escape para garantizar supervivencia, es decir cambió para siempre la naturaleza del problema del vecino país. 

En ese orden de ideas, señala que la clave es cuál es la lectura que hacen los estados vecinos y en general la comunidad internacional, a este asunto.

Recuerda que durante un largo tiempo, los gobiernos, especialmente el de Barack Obama  en Estados Unidos, su posición “fue agachar la cabeza y fingir que el problema no existía, que era solo un asunto político e institucional pero el salto de la condición humanitaria, lo que hace es que nadie pueda permanecer indiferente”.

En otras palabras, hizo mutar un asunto político en un asunto humanitario, “una realidad implacable que existe sobre los ciudadanos venezolanos”, explica Serrano.

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Subraya además que un elemento importante para destacar, es el hecho de que al migrar esos números dramáticos de ciudadanos, deja de ser un asunto de política internacional para convertirse en un tema de política interna. Y esto implica, para los países un gran desafío en cómo manejar esa cantidad de personas en un país que no está preparado para ello en cuestiones vitales como salud, empleo y seguridad.

Entonces una cuestión humanitaria supone la cooperación internacional para enfrentar un problema de política interna muy serio.

En cuanto a la postura asumida por el gobierno Maduro de desconocer la crisis migratoria que vive su país y atribuirla a una “conspiración” de gobiernos vecinos como Colombia, Serrano lo define como negacionismo: “una política de resistencia del régimen, que se ha convertido en ese poder totalitario que incluso niega una verdad  tan palmaria”.

“Su descrédito es tan grande, que si aceptase eso, su gobierno tan frágil se desmoronaría”, puntualiza el politólogo.

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Publicada por: ÁNGELA CASTRO
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