Jueves 06 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

¿“Ortega y Somoza son la misma cosa”?

Envejecido por el tiempo y el poder, el presidente de Nicaragua, otrora líder de la Revolución Sandinista, cada día se parece más a la dinastía familiar de los Somoza que derrocó cuatro décadas atrás. La crisis interna del país centroamericano está lejos de terminar.

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Fotoilustración/ VANGUARDIA LIBERAL
El líder sandinista Ortega ahora presidente va por camino de dictadura en Nicaragua.
(Foto: Fotoilustración/ VANGUARDIA LIBERAL)

Daniel Ortega probablemente no llegó a imaginar, hace 40 años, que sería comparado con su peor enemigo, el dictador Anastasio Somoza Debayle, a quien derrocó en 1979 para convertirse en un héroe de la izquierda, una especie de ‘Che Guevara’ centroamericano.

El antiguo comandante revolucionario del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, y ahora presidente, ha llevado a su gobierno en una dirección totalitaria, desplegando una retórica populista que más parece proyecto de dictadura dinástica de los Ortega-Murillo.

Su esposa, Rosario Murillo, es la vicepresidenta de Nicaragua, considerada el poder detrás de Ortega, y la persona que realmente dirige los destinos del segundo país más pobre del continente, solo superado por Haití.

La situación que vive hoy día Nicaragua, sumida en la violencia que ya deja al menos 480 muertos desde abril pasado, pareciera transitar el mismo camino que la dictadura de la familia Somoza, esa misma que se aferró al poder bajo un régimen represivo y sanguinario que dejó incontables muertos y desaparecidos.

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La consigna que se viralizó en las protestas es, “Ortega y Somoza son la misma cosa”, y hoy la revuelta social se dice que es contra la dinastía Ortega.

Ricardo Abello, profesor en Derecho Internacional de la Universidad del Rosario, aclara que si bien en Nicaragua no hay elementos típicos de una dictadura presentes, va camino a serlo.

El Ortega de ayer, era un líder respetado, de ideas claras, que restableció la democracia en su país; hoy en día es todo lo contrario, sostiene.

“Lo que está es repitiendo los escenarios que tanto combatió, no se llega a los niveles que había durante la dictadura de los Somoza como torturas y desapariciones sino que el tema se centra en el enfrentamiento entre oposición y personas leales al régimen”, explica.

No es lo mismo Somoza y Ortega, según Abello, porque elecciones sí se han realizado, aunque no del todo transparentes, ni tampoco se ha heredado el poder, aunque señala que sí hay una corrupción muy profunda en cuanto a contratos estatales, y un detrimento de la economía.

“Antes había una especie de letargo porque había necesidades básicas satisfechas entre la población”, pero las reformas en la seguridad social impulsadas por Ortega, fueron el detonante para que la gente reaccionara.

A sus 72 años, Ortega suma 11 años y seis meses consecutivos en el gobierno, desde que lo retomó en enero de 2007; en cambio la dictadura familiar de los Somoza duró 43 años.

Isaac A. Calvo, periodista y analista internacional, apunta en ese sentido que son dos personajes que no se asemejan, porque Ortega ha ganado y perdido elecciones y ha participado de la alternancia democrática en el país.

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Sin embargo, advierte que lo que está ocurriendo en el país centroamericano puede ser el inicio de un deterioro de la democracia: “Me parece que nunca es adecuado usar la fuerza desproporcionada contra quienes protestan y aún menos ser permisivo con grupos armados progubernamentales”.

Opina que no es primera vez que líderes de movimientos que han luchado contra las dictaduras para el pueblo acaban teniendo los mismos defectos que en su día criticaban: recorte de libertades y de derechos, menosprecio a la oposición, represión contra los disidentes, abusos de poder, permisividad ante grupos paramilitares leales al Gobierno, búsqueda de un “enemigo” extranjero, como EE.UU.

En tanto, Óscar Palma, analista en temas de conflictos e insurgencia, lo describe como “un régimen autoritario, de censura y represión sistemática y ese tipo de regímenes reacciona de forma muy fuerte frente a la protesta y los grupos de presión que representen un desafío a su mandato”.

Estima que una solución a la crisis nicaragüense no está a la vuelta de esquina y va a tomar un tiempo, es más, advierte que lo más probable es un agravamiento de la misma.

“No es bueno el panorama en el corto plazo, pero hay un interés de la comunidad internacional de encontrar una solución pacífica”, asegura el experto atribuyéndolo al carácter y la posición recia del régimen de Ortega de no dar el brazo a torcer, y que hace más compleja una salida negociada

Tampoco tiene un buen pronóstico de lo que está ocurriendo, porque considera que aunque inicialmente el descontento social se aplaque con represión, es difícil revertir la situación, ya que la llama queda presente y puede prenderse en cualquier momento.

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Publicada por: ÁNGELA CASTRO ARIZA
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