Viernes 14 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

‘Lobos solitarios’ al acecho

Este fenómeno de los terroristas solitarios se ha convertido en una amenaza para los cuerpos de seguridad en Occidente, a los que les queda muy difícil ‘cazarlos’ porque son enemigos invisibles.

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Tomada de Internet / VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Tomada de Internet / VANGUARDIA LIBERAL)

¿Qué tienen en común Anders Behring Breivik, autor de las matanzas de Oslo y Utoya en Noruega que dejaron 77 muertos en 2011; los hermanos Tamerlan y Dzhokhar Tsarnaev que estallaron en 2013 dos bombas caseras en Boston, justo en la línea de meta de la maratón, donde fallecieron tres personas y 264 resultaron heridas; o Mohamed Lahouaiej Bouhlel que embistió con un camión a una multitud y asesinó a 86 personas en la ciudad francesa de Niza en 2016?

La respuesta: el rostro de los lobos solitarios, un fenónemo bautizado así por expertos que han escudriñado sobre el tema, y donde el común denominador es el componente individualista y la motivación.

No solo actúan de forma espontánea, lo hacen sin obedecer órdenes de organizaciones terroristas o extremistas, aunque algunos juren lealtad a grupos radicales a los que las fuerzas de seguridad les siguen la pista, a diferencia de los lobos solitarios que sí están fuera de su radar.

Por todos estos elementos conjugados resultan difíciles de detectar y altamente peligrosos. Para ellos, todo puede ser un objetivo y todos pueden ser una amenaza. En otras palabras, es un fenómeno totalmente impredecible.

Incluso, ya no es necesario un llamado expreso para activar al terrorista y fijar el objetivo. Es más, el autodenominado Estado Islámico hizo una petición global para que sus seguidores, sean quienes sean y estén donde estén, ataquen objetivos “infieles” cuando lo consideren oportuno.

Ante esto, Isaac A. Calvo, periodista y experto en relaciones internacionales, explica que matar es muy fácil y no es necesario disponer de armamento sofisticado para hacerlo: “un simple cuchillo, una furgoneta, son suficientes para asesinar a un número considerable de personas y para sembrar el pánico”.

Mayor ocurrencia

De hecho, Andrés Mejía, analista y consultor político, lo cataloga como el fenómeno de mayor probable ocurrencia en cuanto a terrorismo en naciones occidentales, argumentando que los grandes atentados como se hacían en el pasado al estilo de Al Qaeda, “son más difíciles de cometer ahora por el incremento de las capacidades de inteligencia, de detección y Policía de muchos países”.

Bajo esta premisa, asegura que la forma de actuación de los lobos solitarios es en cierto sentido paradójica porque ella misma constituye su fortaleza como también su debilidad.

Su fortaleza, en el entendido del bajo perfil que tiene este tipo de operación por lo cual detectarla o evitarla es prácticamente imposible, opina Mejía, quien lo ilustra de la siguiente manera: aquel joven que se radicaliza a través de Internet y un día decide cometer un atentado, salir a la calle con un cuchillo y empezar a atacar personas.

Pero por otro lado, este analista señala que para las organizaciones terroristas la desventaja que esto trae es que estas acciones cometidas por un individuo sin dinero, sin acceso a armamento, sin apoyo de otros, es que el impacto es verdaderamente limitado.

“La cuestión es que el impacto de estos ataques, y con esto no quiero desestimar el impacto humano con la pérdidas de vidas, no es tan grande como el que podía tenerse con el formato anterior del terrorismo”, aclara Mejía.

Sin embargo, advierte que el peor escenario sería que apareciera un fenómeno de lobos solitarios, convertidos en instrumentos de la amenaza típica del terrorismo, con capacidades de ataque y destrucción mucho mayor, mediante el uso de armas más letales que el camión o el cuchillo para atacar y hacer daño.

“Ese sería el escenario más grave de evolución que tendría esto, como sucedió con el ataque en la maratón de Boston con una bomba casera”, afirma Mejía, aunque lo considera poco probable.

Al referirse a este fenómeno del lobo solitario, Juan Ramón Martínez, profesor de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario en Bogotá, considera que no es nuevo y que para la acción terrorista no se requiere un adoctrinamiento, organización o grupos sofisticados que cometan esta clase de conductas.

“Desde tiempos inmemoriales la acción terrorista está encaminada a una construcción colectiva o iniciativas individuales que se sustenten en la causa o paradójicamente en la inexistencia de la misma”, sostiene.

Si bien resalta el impacto que generan los actos terroristas cuando existe una manera organizada y cuando la acción se encuentra articulada a alguna forma de jerarquía, célula u organización, como el fundamentalismo islámico.

Aunque observa que esto no es único ni excepcional del extremismo religioso, porque pueden surgir acciones de otra índole, como frustraciones personales, diferencias políticas o rechazo xenófobo.

Lo anterior se ajusta a lo ocurrido con el noruego ultraderechista Breivik, quien días antes de cometer la peor masacre que ha sacudido a ese país europeo, había proclamado por las redes: “una persona con una creencia equivale a la fuerza de 100 mil que sólo tienen intereses”.

La semilla del odio germina

En el caso del extremismo islamista, el experto Isaac A. Calvo subraya que generalmente la captación de lobos solitarios se basa en que hay comunidades musulmanas radicalizadas que son especialistas en detectar ciudadanos locales que están pasando por algún tipo de incertidumbre existencial.

“Son personas permeables al adoctrinamiento (en mezquitas, por Internet...) y la semilla del odio germina y va creciendo”, recalca.

Como lo sucedido en junio de 2016 con Omar Mir Seddique Mateen, responsable de la masacre en Orlando, EE.UU. Ingresó a una discoteca gay armado con un fusil y una pistola y causó la muerte de 50 personas. Actuó solo y motivado por la homofobia.

Sin duda, una de las herramientas más poderosas de la propaganda radical son las redes sociales, sumado a la globalización, lo cual hace improbable rastrear o establecer el número de lobos solitarios que andan sueltos por el mundo.

Es prácticamente imposible determinar la cantidad de lobos solitarios que hay en suelo europeo o en el resto de Occidente, porque son ciudadanos locales que hacen una vida normal, pasan desapercibidos y no levantan sospechas hasta que actúan, concluye el periodista Calvo.

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Publicada por: ÁNGELA CASTRO ARIZA
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