Domingo 28 de Mayo de 2017 - 12:01 AM

Los comandantes

En un lugar remoto de la serranía, el comandante de la guerrilla abandonó su cama muy temprano. Bajó hasta un pozo, y se bañó. Había pasado la noche preparando un ataque a dieciséis kilómetros de su campamento porque los informes de inteligencia reportaban un importante desembarco de tropas regulares.

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El comandante del Ejército se despertó más temprano que de costumbre. Pidió un café, y fue a la ducha. Había pasado la noche discutiendo con sus hombres el plan durante el operativo. Los informes de Inteligencia dieron con el lugar exacto del campamento guerrillero que querían neutralizar hacía ya bastante tiempo.

El comandante guerrillero dio las instrucciones una vez más. Él estaba al mando de un frente, y dispuso de cien combatientes seleccionados. Inició la marcha a paso largo; era un veterano y sus hombres confiaban ciegamente en él. Todos vestían camuflado.

El comandante del Ejército, con su camuflado, revisó uno a uno a todos sus hombres. Cien soldados experimentados estarían bajo el mando de un capitán tropero y experto a punto de ser ascendido por su lucha contrainsurgente. Impartió las instrucciones precisas antes de embarcar las tropas en los mejores helicópteros artillados del Ejército. Todos vestían traje de fatiga. Una vez en el sitio previsto, el comandante guerrillero distribuyó a sus hombres, y esperó pacientemente sentado contra una roca. A la distancia, el ruido esperado apareció. Los soldados estaban desembarcando para el combate. Su comandante dio la orden de avanzada.

El comandante guerrillero dio la señal, y empezó el ataque calculado y frío hacia el lugar en donde patrullaban los soldados. El comandante del Ejército dio la orden de responder y protegerse. Durante toda la tarde, la serranía bamboleaba al ritmo de las ráfagas de ametralladoras, bombas y fusiles.

El segundo al mando ordenó a los sobrevivientes que cargaran el cuerpo inerte de su comandante y se retiraron de regreso al campamento. El primer cadáver que subieron al helicóptero fue el del capitán. En ambos bandos hubo bajas y heridos.

Una semana después, dos banderas colombianas ondeaban en el aire. Una, en el lugar en donde enterraron al comandante veterano de la guerrilla, y la otra en la plaza de armas donde habían despedido con honores al capitán tropero del Ejército.

En un remoto lugar de las montañas, apareció el nuevo comandante de la guerrilla, designado por los cuadros superiores. Al mismo tiempo, el nuevo capitán del Ejército viajaba para reemplazar, por orden del Comando Superior, a su colega muerto en el cumplimiento de la ley.

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Publicada por: DÁMASO LONDOÑO
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