Miércoles 20 de Junio de 2018 - 12:01 AM

HAGASE OIR

A un soñador

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A un soñador

“Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”, Jorge Luis Borges.

“No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retornar el vuelo. No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir los sueños”, Mario Benedetti.

Cuando se es joven, creemos que la vida es fácil y que con solo desear ya nos realizamos, porque confiamos en los buenos principios que tenemos, sin analizar que cada ser humano es único, y los sueños por tal razón son diferentes, nunca son iguales, y las ambiciones de cualquier índole nos hacen lejanos.

Sigamos cultivando nuestras ilusiones, si tropezamos levantarnos con más ganas de luchar.

No podemos sentirnos derrotados, este término es para los que no creen que las oportunidades estén ahí, pero hay que lucharlas. Cada escalón que subimos nos va dando una fuerza que con los años vamos apreciando. Por eso soñemos siempre, porque el día llega de disfrutar los éxitos.

Chepita Jaimes Conde.

Aún no escuchan

Con qué moral erguida hoy se levantan quienes llevan la frente ya manchada con la sangre de seres inocentes que sus vidas perdieron en la nada.

No han sentido el dolor de muchas madres que perdieron a sus hijos y su esposo, que tuvieron que salir de sus parcelas, sin tener momentos de reposo.

No escuchan el llanto de los niños que de hambre y miseria van muriendo, que en la calle con frío y maltratados un mendrugo de pan andan pidiendo.

No escuchan la voz del estudiante que a gritos exige compasión que le garanticen el saber, y en toda parte su derecho tener a educación.

No escuchan la voz del campesino, a quien la guerra lo ha ido maltratando, atacando la paz han conseguido que la guerra prosiga aumentando.

Sus comentarios, espero respetuosos, si es que estas líneas así lo ameritan, nos convertimos tal vez en quejumbrosos sin argumentar aquello que publican.

Hugo Fernelly González G.

Hipocresía

Jesús conoció la hipocresía, a esta gente no la bendecía, nada de lo que hacían les creía porque a todos ellos conocía.

Son personas solapadas que caminan agachadas, todo se lo llevan por paladas, sin dejar huellas de pisadas.

Es el pan de cada día, aunque no es mercancía, los que practican esta felonía. Son felices con esta fechoría.

El ser humano se mueve en medio de la falsedad, y así se le va, la integridad si no reconoce su incapacidad.

La gente que es desleal lleva muchas máscaras, nunca dejan ver sus caras, con ellos la vida no es clara.

Padre Alfredo Vesga D.

La resiliencia es

cuestión de machos

La palabra, difícil de leer y de pronunciar, es la capacidad que tenemos algunos seres humanos de levantarnos, ante las adversidades que la vida nos depara.

La primera manifestación de resiliencia en el mundo la dio el Santo Job, quien soportó lo más indecible en un ser humano, sin embargo, nunca perdió la fe en Dios y logró recuperarse y volver a tener mucho más de lo que algún día tuvo.

Desafortunadamente, en la actualidad ya se puede decir que no quedan Jobs.

Vivimos en el mundo y para el mundo y cuando nos pasa algo se nos acaba el mundo.

Pero la muestra más cierta y palpable de resiliencia es Jesucristo, él, llevando sobre sus hombros una pesada cruz, la soportó con estoicismo y luego con su muerte en la cruz nos demostró su amor total.

Durante su camino al calvario soportó tres caídas, pero se levantó y llegó a culminar su santa misión.

Nosotros debemos emular al Cristo vivo, quien nos ayuda a diario a llevar nuestras cruces. Él no coloca sobre nosotros cruces muy pesadas que no podamos soportar.

Soportemos con fe y esperanza, él no nos deja solos, demostremos con nuestra fe que somos fuertes y que somos ejemplo vivo de resiliencia.

Hernando Mantilla Medina

Envíe su correspondencia a nuestras oficinas o al correo electrónico: hagaseoir@vanguardia.com

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Publicada por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL
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