Jueves 26 de Julio de 2018 - 12:01 AM

HAGASE OIR

La tragedia de Santa Ana

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Estamos en víspera de un cambio de Gobierno. En esta misma fecha, hoy hace 80 años, también el país estaba en una situación similar. Con motivo de los 400 años de la fundación de Bogotá y la conmemoración de la batalla del Pantano de Vargas se organizó un acto en Santa Ana, al norte de la ciudad, con un sinnúmero de invitados, en donde estaban en la tribuna de honor el Presidente en ejercicio, Alfonso López Pumarejo, y el Presidente electo, Eduardo Santos, así como su hermano Gustavo Santos, quien era alcalde mayor de Bogotá. A pesar de que el par de mandatarios tenían frías relaciones (no tanto ni tan calientes como Uribe y el Santos de hoy), optaron por asistir juntos a tan importante evento.

La cita era en Usaquén, para presenciar una revista militar en las nuevas instalaciones del Ejército que reemplazaban a los viejos cuarteles de San Diego. Al mando del piloto César Abadía realizó una maniobra imprudente y luego, al pretender repetirla, a escasos 30 metros de altura, se fue hacia una de las tribunas, muy cerca de donde se hallaban los presidentes y el cuerpo diplomático. Murieron 75 personas, entre civiles y militares, y hubo más de 100 heridos.

Oscar Alarcón

A buscar al culpable

Algo anda mal en la ingeniería civil. Colapsan las presas, los edificios se vienen al piso, o por lo menos se agrietan enormemente, las carreteras y las calles se pavimentan, y al poco tiempo son caminos de herradura y todos nos preguntamos: ¿Dónde está el mal? Materiales desechables, ninguna aplicación de las normas urbanísticas, descuido con las técnicas aplicadas, parsimonia y mil descuidos que a la larga resultan fatales, suponemos que algo no está bien y acá es donde el Estado o a quien corresponda deben poner el ojo y corregir los entuertos.

Las obras civiles que contrata el Estado, le cuestan al erario millonadas, y estos dineros son de los ciudadanos que pagamos impuestos. Y si pasamos de lo material a lo humano, cuántas vidas se pierden y cuánta miseria padecen quienes son las víctimas, que siempre son los más pobres.

El desastre mundial lo traen hoy las noticias: una presa que colapsa y no habrá mago que sepa a ciencia cierta cuántos son los miles de muertos y los desaparecidos, sumándole a la vez toda la tragedia que se cierne sobre miles de sobrevivientes sin techo y sin abrigo. Esto no es ocurrencia mía, es que acá en mi país hace rato que nos están anunciando una tragedia en Hidroituango. Hay miles de damnificados por los edificios que se han venido al suelo. Pero tranquilos, acá no pasa nada porque somos muy católicos y Dios nos cuida y tendremos dentro de poco nuevo Presidente.

Tobías Herrera Méndez

Lo bueno, lo malo y lo feo

Lo bueno. La serie de Neftlix sobre la vida del Chapo Guzmán, el narcotraficante más grande del mundo. Lo malo. El vínculo tan estrecho de los carteles con los estamentos públicos de México. La riqueza del narcotráfico, puesta al servicio de la corrupción en todas las esferas del Gobierno. Lo feo. Que pensé en Colombia. Y tuve la oportunidad de ver y oír al extinto capo Pablo Escobar saludando a nuestro nuevo canciller Carlos Holmes Trujillo, en aquellas campañas y correrías políticas en que el capo buscaba llegar a la Cámara de Representantes por Antioquia.

Damaso Londoño

“Uy que lengua”

Nuestra lengua también tiene su estrato social: el rico es cleptómano, el pobre ladrón, el rico es nervioso, el pobre, loco, el rico es mitómano, el pobre, mentiroso, el rico es prudente, el pobre, cobarde, el rico es clásico, el pobre anticuado, el rico es diplomático, el pobre, hipócrita, el rico es crítico, el pobre envidioso, el rico es metódico, el pobre, tacaño, el rico es bebedor social, el pobre borracho, el rico es optimista, el pobre, iluso, el rico es sincero, el pobre imprudente, el rico es servicial, el pobre servil, el rico es chistoso, el pobre, ridículo, el desnudo en una niña rica es obra de arte, en una niña pobre, una vulgaridad, el niño rico es hiperactivo, el niño pobre, insoportable. John Florio.

Graciela de Salcedo

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Publicada por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL
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