Jueves 09 de Junio de 2011 - 12:01 AM

¿Hipócrita o auténtico?

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Columnista: Padre Jorge Eliecer Garcia

En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Lucas 12,1.

Si hubo alguien autentico que caminó por este mundo, fue Jesús. Sin dobleces, sin falsedad, sin engaños, se mostro tal cual era desde un principio. Sus palabras, su ejemplo, sus enseñanzas tenían una transparencia tal que incluso sus enemigos cuando fueron a apresarlo, dijeron: "jamás hombre alguno ha hablado como este hombre" (Jn. 7,46).

Pero, aunque estamos en un mundo y en una sociedad que en general dice ser cristiana, la hipocresía domina los ambientes más humildes como los más exaltados. Mientras que los niños no saben lo que es la falsedad, ya que se muestran tal como son y dicen lo que sienten, algunos adultos presentan una apariencia, una capa exterior expresada en sus palabras y miradas cuando en realidad son otra cosa muy diferente.

Jesús debió hacer frente a hombres hipócritas y eso le provocaba repulsión, ya que para él, que podía leer los corazones, las apariencias no tenían sentido. Los fariseos por ejemplo mostraban un aspecto de piedad, eran la secta religiosa judía más estricta, diezmaban todas sus ganancias, se paraban en las plazas a hacer largas oraciones y se ponían como ejemplo de sus conciudadanos.

Pero tras esa fachada religiosa se escondían hombres que amaban los placeres, que se aprovechaban de los débiles de la sociedad (las viudas y los huérfanos) para enriquecerse a expensas de ellos.

Todavía hoy la hipocresía reina en muchos corazones, grupos, familias y ambientes. Algunos ocultan terribles pecados tras un manto espiritual. Bajo una apariencia de amor se palpa la envidia, el desinterés y el odio, y lo más triste es que esta condición existe también entre personas que dicen amar a dios y servirle de todo corazón.

Como joven tu mente y tu vida espiritual están en proceso de formación, y todo esta dependiendo de la educación que recibiste de tus a padres a quienes pareciera que se les olvido o no aprendieron. Educar es formar al hombre, es preparar a los hijos para que vivan la vida, para que sepan enfrentar los problemas, no tanto científicos o técnicos, cuanto humanos e inhumanos, que tarde o temprano se les van a presentar. Educar debería consistir en formar ciudadanos, en transmitir valores, capacitar para luchar, para comprender, para perdonar, para vivir de manera transparente y así ser auténticos con palabras y ejemplo. No admitir ni una pizca de fariseísmo.

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Autor: Padre Jorge Eliecer Garcia
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