Jueves 28 de Julio de 2011 - 12:01 AM

Oye, oye: no te olvides que yo existo

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Columnista: Padre Jorge Eliecer Garcia

Es curioso pero nuestra sociedad esta sufriendo uno de los peores males de la humanidad; la falta de afecto, ternura, cariño, amor. Hay que amarse mucho para poder amar, pero la gran medida del amor es el perdón. Ciertamente se ha demostrado últimamente que gran parte de la salud depende de estar uno limpio de rencores, odios y malas voluntades. Es perfectamente lógico debido a que alimentar esos sentimientos, detiene el gozo de la vida, los proyectos y no permite alegría en el vivir. La palabra de Dios nos dice "perdonar setenta veces siete" empezando por uno mismo.

Vivir libre, feliz, sin pesos ni lastres. Desear el bien ajeno, el éxito de los demás, el bienestar de todos, es un sentimiento que produce gran alegría. Algo pasa cuando usted goza con un triunfo de los demás, parece que este triunfo alcanza para todos, cubre a todos. Pero mejor aún, es tener a alguien cerca, ser tomados de la mano, como lo publico un estudio hace cinco años en Psycological Science, esto produce una gran paz, armonía y hasta permite sentirse menos temeroso ante el dolor. Los ejemplos abundan hasta en el reino animal.

La universidad de California en Irvine publicó un estudio en el cual se demostró que con solo tocar uno de los bigotes de un ratón, se reducía el daño provocado por un derrame, posibilidad que lleva a pensar en la misma posibilidad en humanos: una suave caricia sobre el rostro mientras se llega al hospital podría servir de efecto reparador por el amor expresado. Ante una dificultad, un problema, una ausencia, la mano que se posa sobre el hombro vale más que toda palabra de aliento.

Pareciera confirmarse, también, que muchos organismos vivos habríamos desarrollado mecanismos que se fortalecen con el contacto físico. Recuerden todos aquellos que se duermen sobre los laureles: te quiero, sí, pero hay que ir mas allá.

Hacer algo por alguien, cuando se te solicite. Que jamás llegue a ti alguien que se vaya más triste de lo que vino. Cuando uno llega por la noche a su descanso cotidiano, cuando te sientes exhausto, vacio, es porque lo has dado todo. Seguramente, al otro día estarás con más riquezas para convidar.

Te has convertido en un haz de luz que alumbra en un canal que Dios eligió para llegar a otros, a muchos. Creo que una de las bellezas de la vida es dar.

Agradezca por todo; es como una invitación a recibir mas. Agradecer sinceramente, alegre y de corazón, llena la vida de felicidad. Que bueno aprender a agradecer por todo, todo lo que nos rodea.

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Autor: Padre Jorge Eliecer Garcia
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