Jueves 26 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Mandela

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Columnista: Alexander Arciniegas

Siempre fue amante del boxeo del que rescataba su carácter igualitario, pues como advertía: arriba del ring no valen el rango, el color o la riqueza. Esta afición quizás ayude a entender el estoicismo y combatividad que distinguen a Nelson Mandela.

Desde las polvorientas calles de Mvezo, el pequeño pueblo en el que nació, hasta convertirse en uno de los principales líderes políticos del siglo XX, la vida llevará a “Madiba” de fundador en los sesenta de la Lanza de la Nación, la guerrilla antiapartheid y brazo armado del Congreso de Nacional Africano, hasta el premio nobel de Paz en 1993 y su elección como Presidente de Sudáfrica en 1994, tras pasar 27 años en prisión acusado de terrorismo por el régimen racista blanco instalado en 1948.

Su liderazgo basado en la reconciliación fue fundamental en la transición pacífica del Apartheid a la Democracia; en la consolidación de la unidad interna de un país rico, pero dividido por distintos grupos raciales y en la búsqueda de instalar las bases de una vida mejor para las mayorías negras.

Como miembro de la etnia xhosa, su acción política se basó en la filosofía Ubuntu que predica la reconciliación.

Al celebrarse la semana pasada el centenario de su nacimiento su figura y obra nos dejan como legado la lucha contra el colonialismo; por los derechos humanos y contra la discriminación; pero sobre todo, nos dicen que es necesario resolver los conflictos con base en la igualdad y el mutuo respeto.

Por ello, una de sus frases más emblemáticas tiene un enorme significado para todas aquellas sociedades que como la colombiana enfrentan el desafío de reconciliarse: “Si quieres hacer la paz con tu enemigo tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu compañero”.

Por eso, el principal éxito de Mandela, el boxeador, el estadista y el paciente jugador de damas, no fue derribar el Apartheid en Sudáfrica, sino legarnos una política que prescinde del odio.

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Autor: Alexander Arciniegas
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