Jueves 30 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

El embajador Ordóñez

Comparta este artículo ›

Columnista: Alexander Arciniegas

politicainternacional1648@gmail.com

El nombramiento del exprocurador Ordóñez como Embajador ante la OEA es un nuevo desatino del gobierno en política exterior. Se trata de una designación para retribuirle su apoyo durante la pasada campaña presidencial; un caso más de “clientelismo diplomático” en un país en donde solo el 14% de sus embajadores son de carrera.

A diferencia del embajador saliente, quien ya se desempeñó como viceministro de relaciones exteriores y tiene maestría en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en París, Ordoñez carece de formación y experiencia en asuntos internacionales. Además, su talante pendenciero e intransigente son la antítesis de lo que debe ser un diplomático: alguien que en situaciones de tensión tiene la capacidad de persuadir a su contraparte, de negociar y construir consensos en bien de los intereses del país que representa.

Frente al desafío internacional planteado por el conflicto en Venezuela, dudo que el embajador Ordoñez pueda acercarse de manera constructiva a la oposición y al gobierno, contribuyendo desde lo multilateral a una salida democrática y pacífica a la crisis. Y considerando su extremismo político, temo que se convierta en “caja de resonancia” de las voces más radicales en Washington y dentro de la oposición venezolana, partidarios de una intervención militar extranjera, aventura que agravaría la situación y tendría terribles impactos para Colombia y la región.

No deja de ser un contrasentido designar como Embajador ante la OEA a alguien para quien la secularización, la democracia y los derechos del hombre son una herejía. Vale la pena recordar que hace menos de un año el flamante embajador por entonces precandidato presidencial, acusó a la CIDH de la OEA de ser un órgano político que pretendía intervenir en Colombia para favorecer a la izquierda y convertirnos en Venezuela.

Por ello es insólito que la cara de Colombia en la OEA sea el político que “dice lo que piensa y hace lo dice”. No podemos “quemar” así las naves de la diplomacia.

Publicidad
Autor: Alexander Arciniegas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.

Comentarios