Sábado 11 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Custodio García Rovira

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Columnista: Alfonso Marin

Nadie pudo imaginarse que tres años después del fusilamiento del prócer Custodio García Rovira, ocurrido el 8 de agosto de 1816 en Bogotá, las tropas patriotas vencedoras en el Puente de Boyacá, entraran triunfantes a la capital, sellando definitivamente la independencia nacional. Por curiosa coincidencia, los dos principales próceres del actual departamento de Santander, José Antonio Galán y Custodio García Rovira fueron llevados a Bogotá para ser ajusticiados allá. Tanto el uno como el otro fueron sometidos a crueles e infames vejámenes, después de muertos, pues a los dos se les acusó de traidores a la patria, como reos de lesa majestad. El estudiante mártir, como se le llamó al doctor Custodio García Rovira, dejó para la posteridad una hoja de vida intachable de servicios a la patria, pues desde muy joven se graduó de abogado, distinguido lingüista y destacado intelectual, valores personales que lo llevaron a ocupar diferentes cargos de representación popular, como el de gobernador del Socorro, miembro principal del triunvirato que gobernó las Provincias Unidas de la Nueva Granada, presidente titular de la República de Colombia, y finalmente general de la Republica, como comandante de los ejércitos, reunidos bajo su mando para detener la tropas españolas de la reconquista. Hecho prisionero por los españoles el 19 de julio de 1816, cuando apenas terminaba de casarse, vio truncado su destino en manos del régimen del terror. La memoria de Galán y de García Rovira, con el correr de los años, han servido de pretexto para la proyección de sus lugares de nacimiento, desde el punto de vista urbano al cambiar los mercados por parques de recreación, como quiera que la primera plaza o parque que tuvo la ciudad de Bucaramanga fue el parque García Rovira, adornado con la estatua del prócer, que fue inaugurado en 1907 con la presencia de monseñor Ragonessi, primer nuncio del papa en visitar nuestra ciudad, después de la construcción de la plaza de mercado en 1895. De igual manera, el parque de Charalá que desplazó de lugar el mercado semanal de los martes, también tiene como símbolo de su belleza la estatua del prócer comunero, obra del maestro Carlos Gómez Castro, y fue inaugurado en 1959, diez años después de cumplirse el segundo centenario de su nacimiento. Estos testimonios seguirán siendo el referente histórico de estos próceres, que en su momento representaron toda la dignidad de la comunidad colombiana.

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Autor: Alfonso Marin
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