Sábado 18 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Incendios provocados

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Columnista: Alfonso Marin

Ninguna imagen más triste y deprimente a los ojos del mundo que ver cómo el fuego sigue consumiendo sin piedad miles de hectáreas de bosques y viviendas en muchas partes de nuestra geografía universal, agravadas en nuestro sentir al saber que en la mayoría de los casos son tragedias provocadas de manera intencional. El fuego robado a los dioses del Olimpo por Prometeo, según la mitología griega, no solamente le permitió al hombre dominar parte de la naturaleza, sino que además lo ha llevado a convertirlo en elemento fundamental de su desarrollo a través del tiempo. El fuego intencionado fue, según las enciclopedias de la historia, el último recurso de los guerreros para obligar a los sitiados a abandonar las ciudades y el último recurso también de los cazadores de fieras para hacerlas abandonar sus madrigueras. Con esta práctica totalmente agresiva y alevosa contra la naturaleza, los imperios de la antigüedad acabaron secando sus ríos y consumiendo sus riquezas, como preámbulo a su extinción definitiva. El uso irracional del fuego fue y será una calamidad para la humanidad tan grande como su contribución al desarrollo. Como este comportamiento es un delito de muy poca ocurrencia en el mundo civilizado, son muy pocos lo países que lo contemplan dentro de su Código Penal, circunstancia que agrava de alguna manera el problema que se ha venido presentando. Los estudiosos del cambio climático explican en parte los incendios y su rápida propagación a ese fenómeno que se distingue por las lluvias torrenciales, los aumentos de temperatura y los fuertes vientos, causas que en ningún momento justifican la conducta punitiva de la piromanía. Los males que le hacemos a la naturaleza tienen el inconveniente de que son de difícil reparación, pues en su mayoría tardan muchos años en reponerse tal como le paso a la Europa de la Edad Media que tuvo que esperar varias centurias para volver a ver sus ríos y sus praderas nuevamente florecidas.

Colombia, que es un país de páramos y aguas abundantes en toda su geografía, ojalá más temprano que tarde le salgamos al paso a esta tendencia internacional, que no deja sino ruina y orfandad como las que hemos visto en los últimos días por las pantallas de la televisión.

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Autor: Alfonso Marin
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