Sábado 17 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

¿Una leona asesina o una gata borracha?

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Columnista: Anastasia Espinel

Cuentan los egipcios que un día Ra, el poderoso dios solar, se dio cuenta de que los humanos se atrevían a desobedecerle y, por lo tanto, merecían un castigo ejemplar. Entonces, envió a la Tierra a su hija Sejmet, la diosa con la cabeza de leona, y ella, sin pensarlo dos veces, comenzó a devorar a los humanos y cuánta más sangre bebía, más sangre ansiaba.

Ante semejante ferocidad, Ra se sintió seriamente preocupado, pues el exterminio total de la humanidad no formaba parte de sus planes pero ni él, ni los demás dioses no podían encontrar forma de parar a la enloquecida Sejmet quien se convirtió en una auténtica adicta a sangre humana. Los días de la humanidad parecían contados.

No obstante, donde falla el poder divino, triunfa la astucia humana. A los habitantes de la ciudad de Bubastisse les ocurrió la ingeniosa idea de preparar una gran cantidad de cerveza de espelta que tenía el mismo color y la consistencia de la sangre humana. Cuando Sejmet, sedienta como siempre, apareció ante las puertas de Bubastis, los hombres vertieron ante ella una gran cantidad de la supuesta “sangre”. La diosa bebió con avidez y la ofrenda le pareció tan sabrosa que de ahora en adelante ya no quiso marcharse de Bubastis y se quedó allí, esperando que sus habitantes le ofrecieran más y más “sangre”.

Fue así como la diosa leona reemplazó su gusto por la sangre humana por la adicción a la cerveza y poco a poco perdió su naturaleza sanguinaria y feroz, transformándose en la tierna y mimosa gata Bastet, la diosa defensora del hogar, de los niños y de las cosechas pues las protegía contra ratones y otras plagas. Sin embargo, una vez al año la dulce Bastet se acordaba de sus orígenes salvajes y, para evitar que volviera a transformarse en la terrible Sejmet, era preciso organizar en su honor un gran festival en el cual corrían ríos de cerveza y la gente bebía a sus anchas por el temor de enfurecer a la diosa.

El festival en honor de Bastet en Bubastisera uno de los más celebrados en Egipto, reunían numerosos adeptos de todo el país y se convertían en auténticas orgías de alcohol, danza y sexo. En fin, era mucho más divertido rendir culto a una gata borracha que a una leona asesina.

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Autor: Anastasia Espinel
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