Domingo 14 de Febrero de 2016 - 12:01 AM

Gente bajo presión extrema

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Columnista: Andrés Mejía

Ponga a la gente bajo presión extrema de manera continua e injustificada, e incluso los más civilizados explotarán.

En Bogotá, en las fuertes protestas que hubo contra Transmilenio esta semana, hay indicios de que actuaron saboteadores organizados. Pero eso no ha de ocultar el hecho de que los usuarios del sistema de transporte masivo están ya al borde de la desesperación.

Yo no justifico el vandalismo, y soy consciente de que agarrar un bus a pedradas no va a solucionar los problemas del sistema. Sólo pido que el fenómeno se mire con un lente extramoral, para tratar de entender su causa y su desarrollo.

Recuerdo haber pensado el asunto hace algunos años. Estaba esperando tomar Transmilenio en el Portal de La 80, uno de los más concurridos de Bogotá, a hora pico. La situación me impresionó: centenares, tal vez miles de personas apiñadas en la plataforma, con angustia por no llegar al trabajo o al estudio, buses que no llegaban y que cuando lo hacían se llenaban inmediatamente. Empezaba a cundir el desorden, pero no es falta de civismo o de cultura: son condiciones extremas en las que es inevitable el empujón e imposible hacer una fila ordenada.

Es, de nuevo, física social: meta a centenares de personas en un espacio pequeño, con afán y angustia, esperando un bus que no llega, y es inevitable que la gente vaya perdiendo la serenidad y la capacidad de actuar racionalmente. Y en una situación así, la más mínima chispa provoca un estallido.

Por ello, es superficial y simplista responder a lo ocurrido con una declaración moralista de rechazo a las vías de hecho. Cuando en una sociedad ocurren bloqueos y protestas que se salen de control, lo primero que debe hacer el gobernante es investigar las causas de lo ocurrido, reflexionar sobre ellas y tratar de solucionarlas. Esto, de nuevo, no equivale a justificar el vandalismo, que es destructivo y no soluciona nada.

Pero quedarse en el rechazo al vandalismo tampoco soluciona nada. Ese enfoque moral distrae al gobernante de su verdadera y urgente tarea. Lo aleja del sentir de la gente. Y equivale a una indiferencia con el sufrimiento de quienes, día a día, padecen la crisis de este ya agotado sistema.

Yo tengo un test muy sencillo para evaluar un sistema de transporte: ¿permitiría yo que mi madre lo use? Hace ya años que Transmilenio no pasa esa simple prueba.

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Autor: Andrés Mejía
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