Viernes 27 de Julio de 2018 - 12:01 AM

“La risa remedio infalible”

Comparta este artículo ›

Columnista: Andres Peralta Goelkel

El buen humor colombiano está en crisis. La razón es tan sencilla como reveladora: A una gran parte del público le gusta reírse de los demás, pero a muy pocos les gusta reírse de sí mismos. Es así como terminamos recurriendo una y otra vez al cliché de los chistes sobre pastusos y costeños, defectos físicos y desgracias ajenas (¡venga le echo un chiste cruel!), la raza (por lo general la negra), los homosexuales y hasta los pobres. Siempre riéndonos de los demás, y nada más que de los demás.

Hace poco tuve que presenciar una escena que me arrebató la tranquilidad. Estaba participando de una reunión de trabajo con un par de clientes y en un momento dado quise tomarme un café. Como tengo cierto grado de confianza con mis interlocutores, me excusé, salí a la cafetería de la oficina, y procedí a servírmelo yo mismo. En esas estaba cuando arribó a la cocina la empleada de servicios generales, cargada de pocillos sucios. Venía “escoltada” a punta de coquetería, por el conductor de un reconocido político. La señorita, muy servicial, me saludó y se ofreció a ayudarme; le pedí azúcar y mezclador, me los alcanzó, los tomé y mientras endulzaba la bebida revolviendo con fruición, fui testigo del momento en el que el hombre de buenas a primeras le pregunta a la chica si tenía novio, e inmediatamente y sin esperar su respuesta, procede a enseñarle un meme de whatsapp en el que un muchacho sin brazos, semidesnudo y sucio sonríe pidiendo un abrazo. Entonces se la suelta: “porque si no tiene novio, le tengo un partidazo” y lanza una risotada; la mujer me mira y sonríe apenada sin saber cómo comportarse, yo finjo no haber visto nada y salgo apresurado y sin despedirme hacia mi reunión.

En un país en el que cada vez son más frecuentes las denuncias de la crónica roja en relación con aquellos innumerables festejos entre amigos que terminaron en tragedia por un chiste o un piropo ingenioso, cabe preguntarse si aprender a reírnos de nosotros mismos puede ser una forma valida y necesaria para contribuir al cierre de las heridas que arrastra nuestro país. Le corresponde a esa “nueva” generación de humoristas colombianos que ya están desde hace un tiempo en la palestra pública como Andrés López, Ricardo Quevedo, Alejandra Azcárate o el mismo Piter Albeiro seguirlo intentando. Esa catarsis la necesitamos todos, es urgente.

Publicidad
Autor: Andres Peralta Goelkel
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.

Comentarios