Viernes 03 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

El ocaso del reguetón

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Columnista: Andres Peralta Goelkel

aperaltagoelkel@gmail.com

Aunque el reguetón como ritmo parece haber llegado a la escena musical para quedarse, también es justo decir que la peor época de este movimiento ya ha pasado. Me refiero a la de las líricas más vulgares, sexistas, violentas y misóginas jamás antes vistas u oídas en nuestro país. La historia contará que algún día, de alguna lejana época, millones de alienados se entregaron -sin que para ello mediase sentido alguno del buen gusto o la estética- al disfrute de ritmos básicos, líricas absurdas y contenidos cuasi pornográficos interpretados por cantantes de auto-tune, que amenizaron la vida nacional tanto en burdeles, como antros, bares, discotecas, cárceles, colegios, hogares y hasta fiestas infantiles, evidenciando así el nivel cultural de la nueva clase media, y confirmando, cómo no, el de gran parte de las clases más altas de Colombia y, por qué no decirlo, de América Latina.

Ahora que comienza a disiparse la neblina cultural de ese ritmo, que invadió nuestra cotidianidad a tal punto que, parafraseando un poco sus líricas: “nos penetró” o “nos lo metió entero, mami”, conviene hacerse una pregunta o, tal vez varias.

¿Cuál es la importancia que tiene para un país y/o conglomerado social la existencia verificable, palpable, audible y gozable de un legado cultural?, esto es, de un patrimonio auténtico que respalde a un hombre en su lucha diaria con la vida.

En tiempos de una revolución digital, que nos permite conectar artificialmente -en tiempo real y a cualquier hora del día o de la noche- con el mundo, el país, la ciudad, los amigos, los conocidos, los espejos y los fetiches, ¿qué tan necesaria es la presencia viva de un acervo o raíz cultural de valor en la formación de la identidad?

En ese sentido, a los colombianos, que podemos jactarnos de tener una raíz rica en matices, elaboración y contenido, nos corresponde indagar en lo más profundo de nuestra sociedad a fin de descubrir: ¿Qué paso, entonces? ¿Qué hizo posible que el reguetón se convirtiera en la banda sonora de toda una generación? ¿Fue acaso un fenómeno asociado a la liberación sexual? ¿Un asunto de oferta? ¿Transgresión generacional? ¿Decadencia social? ¿Exaltación de una cultura machista? ¿Exaltación de una cultura violenta? ¿Ganas de mamar gallo?

¿Todas las anteriores?

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Autor: Andres Peralta Goelkel
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