Viernes 31 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Un lujo que no nos podemos dar

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Columnista: Andres Peralta Goelkel

aperaltagoelkel@gmail.com

A quienes nacimos en los albores de los años setenta y pertenecemos a la denominada generación X nos tocó bailar con el trompo en la uña. Me explico: Nacimos en medio de dos revoluciones; una socio-cultural y la otra tecnológica. La primera de ellas se gestó entre los años sesenta y los setenta del siglo anterior, generando una ruptura cultural que marcó el devenir de la humanidad. Fue una época de continuas marchas públicas y manifestaciones multitudinarias de ciudadanos del mundo -en su mayoría jóvenes- que se convocaban para protestar contra lo establecido y radicalizar sus posturas frente a la sexualidad, el racismo, el capitalismo, la guerra y los derechos humanos entre otros. La otra -la tecnológica- surgió en la segunda mitad de los años ochenta. A medida que las máquinas de escribir se hacían cada vez menos visibles en colegios y universidades fueron apareciendo los primeros computadores que traían consigo la promesa de un nuevo orden mundial, la del internet que llegaría al país en 1994. Dicho de una manera más romántica: Nacimos y crecimos admirando a nuestros hermanos, primos, amigos o vecinos mayores que vivieron la década de los años setenta. Su música, sus modas, sus programas de televisión, sus artistas favoritos, sus Beatles y su música disco, las telenovelas, sus protestas y su consigna suprema de paz y amor; para años más tarde desembocar en una revolución fría y concreta, práctica y estratégica, diametralmente opuesta a su antecesora. La digital. Parafraseando un poco la famosa frase política tan de moda por estos días: A la generación X le llegó una notificación fulminante: “O cambiamos o nos cambian”. Muchos lo hicieron pero otros jamás lo lograron. Conozco personalmente casos de empresarios, directores e incluso políticos, que se sientan a despachar desde sus escritorios sin siquiera mirar su PC. Una vez que lo requieren, llaman a sus secretarias, ayudantes o compañeros de trabajo para pedirles que abran por ellos correos electrónicos o documentos. Las cifras oficiales en Colombia sobre analfabetismo digital no son halagadoras y muestran, como en una encuesta de Mintic dirigida a usuarios digitales, en el país se aprecian habilidades insuficientes en el desempeño del 31% de los encuestados. Ni hablar de lo que sucede en los segmentos adulto (más de 40 años) y adultos mayores no usuarios.

Nos debería preocupar y bastante ese marginamiento social de una población activa, pero limitada en su contacto con los jóvenes, que abre una brecha generacional enorme.

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Autor: Andres Peralta Goelkel
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