Viernes 07 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Un pasado glorioso

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Columnista: Andres Peralta Goelkel

aperaltagoelkel@gmail.com

En nuestra tierra conviven a diario descendientes de alemanes, españoles, catalanes, italianos, judíos, turcos, árabes, paisas, vallenatos, bogotanos, barranquilleros o caleños con santandereanos de pura cepa, oriundos de todos los rincones del departamento. Somos un crisol de culturas, un territorio abierto. Cabeza de una región enorme que abarca el norte de Santander, Casanare, Arauca, el norte de Boyacá, el sur del Cesar y el de Bolívar. Jamás hemos sido excluyentes. Nunca hemos caído en la trampa de la endogamia. Desde sus orígenes, Santander se ha abierto al mundo para recibir y acoger a todo aquel que anhela una nueva oportunidad. Tan es así, que hoy es difícil conocer a alguien en el área metropolitana que se considere bumangués raizal. Haga usted el ejercicio de preguntar a las personas con las que interactúa a diario por el origen de sus familias: la mayoría le contará que aunque nació, se crió o se educó en Bucaramanga sus apellidos provienen de Vélez, San Gil, Málaga, Piedecuesta, Socorro, España, Cúcuta, Italia o Alemania. Ese factor que en el pasado fue determinante para que nuestra región se convirtiera en el polo de desarrollo de un país en pañales, nos hizo grandes. No todo el mundo puede presumir de un pasado glorioso. De hecho, ninguna región en Colombia ostenta un pasado más digno, apasionante y determinante que el de Santander, lo cual nos permite mirar con la cabeza en alto al país para recordarle con convicción y orgullo que nuestro aporte a su grandeza es la libertad, el café, el tabaco, el cacao o las bases de industrias como la cervecera, textiles o de servicios públicos. Sin embargo, ese liderazgo, que incluso en 1857 nos convirtió en un Estado soberano, nos fue arrebatado en la Guerra de los Mil Días cuando bogotanos y antioqueños unieron sus fuerzas para propinarnos una dolorosa derrota, que les permitió asumir el poder central. Una vez derrotados, desde Santa Fe de Bogotá se vinieron dos medidas que marcaron nuestro devenir. La primera, dividir al gran Santander en dos: Santander y Norte de Santander clausurando además ese maravilloso corredor comercial que venía desde el Táchira hasta Boyacá. La segunda, aislar nuestra región del contexto nacional, lo que se tradujo en que en la actualidad Santander sea uno de los territorios más rezagados en materia vial del país. Hoy cuando esas vías que son fundamentales para nuestro futuro aún no llegan, nos ilusiona pensar que el idilio de los santandereanos con el Presidente permitirá cubrir esa enorme y cruel deuda del país con esta tierra.

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Autor: Andres Peralta Goelkel
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