Sábado 10 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

“Solo quería darle un beso en la mano...”

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Columnista: Asociación Educativa de Santander

El valor de la sensibilidad es la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuar de las personas, así como la naturaleza de las circunstancias y los ambientes, para actuar correctamente en beneficio de los demás.

Ser sensible implica permanecer en estado de alerta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, va más allá de un estado de ánimo como reír o llorar, sentir  dolor o alegría por todo.

Ser sensible no es signo de debilidad. No es débil el padre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos; el empresario que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados; quien escucha y anima a un amigo en los buenos y malos momentos. La sensibilidad es interés, preocupación, y generosidad hacia los demás.

Sin embargo, las personas prefieren aparentar ser duras o insensibles, para no comprometerse e involucrarse en problemas que creen ser ajenos a su responsabilidad y convivencia. Por eso escuchamos de muchas personas decir que ya tienen suficientes problemas como para involucrarse en los problemas de los demás.La indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad. La indiferencia termina por llevarnos al desprecio de las circunstancias y hechos de personas, sin conocer a fondo sus motivos y circunstancias personales.

También el desconocimiento de los demás nos hace jueces implacables de la actuación de los demás, descalificando y discriminando, simplemente porque creemos que todos se deben comportar de acuerdo a nuestro propio código de valores.

En nuestra sociedad actual, es muy fácil pasar por alto que a nuestro alrededor existen personas que desean y merecen ser incluidas y tenidas en cuenta. Tener discapacidades no excluye el afecto, es más, muchas de estas personas que padecen enfermedades congénitas nos demuestran cada instante como ser afectuosos y desprendidos de los prejuicios que tenemos, cuando alguien nos abraza, nos da un beso en la mano o nos demuestra que nos quieren.

Debemos aprender de ellos como expresar nuestros sentimientos.

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Autor: Asociación Educativa de Santander
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