Sábado 28 de Julio de 2018 - 12:01 AM

El valor de la confianza

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Columnista: Carlos Chaverra

Era un salón cerrado de grandes ventanales, largos mesones y pantallas de computador. Las pantallas mostraban gráficos y cifras en distintos colores. Un gran reloj registraba la hora en que se abría la bolsa de valores marcando así el inicio de la jornada en que se transarían acciones, títulos valores a nombre de los clientes del banco. Además, por ser la tesorería del banco nuestra dependencia era la encargada igualmente de conseguir los recursos financieros que servirían para garantizar el adecuado flujo de recursos para su funcionamiento diario.

En mi puesto de trabajo había un teléfono y un listado de números telefónicos de clientes y de funcionarios de otros intermediarios financieros. Me intimidaba un poco el hecho de que cualquier palabra que dijera sería tomada por mi contraparte como verdad. Existiría la plena confianza que si daba la instrucción de comprar o vender un título valor la transacción se cumpliría. Al mismo tiempo yo estaba seguro que una vez dada mi palabra se iniciara un proceso interno en el área de operaciones que haría que aquello que dije con mi voz se materializara en las condiciones que habíamos pactado. Todo ello era posible, porque existían unas reglas de juego muy claras. En este caso, la Superintendencia Bancaria ejercía una supervisión que todos respetábamos y al interior de nuestro banco igualmente entendíamos nuestro límites y responsabilidades.

Rara vez teníamos un problema de “interpretación” de las normas. Para nosotros la autoridad representada por la Superintendencia y los directivos del banco no tenían color político o religioso ni interés diferente que el de hacer cumplir unas reglas que nos haría a todos mejores si las cumplíamos. Más que el temor de ser multados o reprendidos, nos aterraba que nuestra reputación fuera puesta en entredicho, que toda la confianza que habíamos construido se derrumbara y con ello también el valor de nuestra institución. Reflexionaba, ante los sucesos de esta semana, que si tan solo pudiéramos rescatar algo de este “valor de la confianza” para nuestro sistema de justicia, para nuestro Congreso, para el servicio público y nuestro quehacer ciudadano mucho ganaríamos.

¿Qué hacer? Abstenernos de juzgar sin analizar sería un buen comienzo. Valorar la palabra y cumplirla nos daría gran dignidad.

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Autor: Carlos Chaverra
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