Miércoles 18 de Mayo de 2011 - 12:01 AM

Abrirle espacios a la duda Metódica

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Columnista: Cesar Gonzalez Muñoz

Usted no es progresista. Usted no es un social demócrata auténtico: Es que me he dado cuenta de que usted no está en contra de la globalización. Ese fue el comentario que me hizo un asistente a un panel en la Sociedad Económica del Amigos del País hace algunos años. Para no entrar en otra perorata, mi respuesta fue que quizás él se podría beneficiar de algunas lecturas cuidadosas, por ejemplo, de escritos de Amartya Sen o por Dani Rodrik. De todos modos me quedé pensando en las graves fallas de ilustración que sufren los ambientes culturales y políticos de este país y, en verdad, del mundo entero.
Los extremos ideológicos sin conocimientos suficientes tienden a dominar en los debates sobre las plataformas políticas y electorales, en la discusión sobre las reivindicaciones sociales en un mundo desigual, y aún en muchas instituciones académicas. No hay espacio para la duda metódica. Los extremos terminan siendo solidarios en la conservación del statu quo; unos, porque imaginan que no hay nada que hacer, que toda reforma es digna de desconfianza y que el mundo es víctima de una gran conspiración de los ricos, del gran capital, o del capital financiero; los otros, porque imaginan que vivimos en el mejor mundo posible y que sólo es cuestión de tiempo para que la gran máquina del progreso resuelva las fallas institucionales que no la dejan funcionar a derechas. En asuntos macroeconómicos, despojados del Santo Grial del Consenso de Washington, los neoconservadores se quedan alabando la perfección del instrumento de los mercados como organizadores de la marcha hacia el bienestar global. La simpleza del “dejar hacer, dejar pasar” (dejar pasar los bienes y los capitales, no la gente) es su consuelo, su fuente de auto complacencia.
Me quedé pensando que mi interlocutor, enemigo de la globalización, tendría que comenzar por negarse a sí mismo como sujeto y forzoso actor de unas relaciones globalizadas. Terrible perspectiva.
Los medios, y buena parte de las voces oficiales, sólo se refieren a las puras reglas comerciales del Tratado. Algunos exportadores se preocupan porque no tienen TLC ni las preferencias del Atpdea. Prácticamente nadie recuerda que el TLC no es principalmente sobre comercio de bienes sino sobre otras reglas relacionadas con la protección de inversiones extranjeras, sobre patentes, sobre servicios transfronterizos.
El grueso de la gente no entenderá por qué, cuando quede en vigencia el TLC, el aparato económico de Colombia no será arrasado por la hojarasca del “libre comercio”, ni la sociedad colombiana entrará en una nueva era de progreso sin freno impulsada por la misma maravilla.

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Autor: Cesar Gonzalez Muñoz
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