Miércoles 07 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Resultado: hay que investigar

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Columnista: Consuelo Ordoñez

Resultado del Foro sobre Minería y Aguas subterráneas, convocado por el Movimiento Conciencia Ciudadana y otras organizaciones, confirmamos una verdad que conocemos hace muchos años y sobre la cual no hay cambios sustanciales en décadas reciente: el desconocimiento sobre nuestros recursos naturales, en todos los temas, y en particular, sobre el acuífero subterráneo que disfruta nuestro país es casi total.


Los especialistas asistentes generaron una gran angustia al reconocer que el abismo de conocimiento es enorme y que si bien la construcción de obras de ingeniería como túneles o drenes permite inferir afectaciones graves al acuífero subterráneo, realmente no sabemos de qué magnitud pueden ser estas afectaciones y cuánto puede alterar la disponibilidad de agua superficial. Hay ejemplos, como lo registrado en el Túnel de la Línea, donde se evidenció una especie de despresurización del acuífero y se extrajeron grandes cantidades de agua en el túnel. Supimos sí que la zona andina de Santander es la segunda zona más rica en aguas subterráneas del país y que no tenemos ni idea de cuál es el balance que arroja.


Todo esto para reafirmar que se presume que el Gobierno, representado en las autoridades ambientales, tiene una profunda debilidad para otorgar o negar licencias de explotación minera en áreas andinas, y que los estudios hidrogeológicos disponibles son muy escasos, por lo que tendrán que basarse en los estudios que presenten los interesados en realizar las explotaciones, lo cual no es muy apropiado que digamos.


En forma casi similar, es triste reconocer que otras áreas del conocimiento, como la forestal, generan aún grandes inquietudes y no tenemos certeza sobre la posibilidad de producir y repoblar con especies nativas las zonas alto andinas, y mucho menos garantizar su desarrollo para aprovechamiento industrial. Muchas ilusiones con este tema, pero creo que la brecha de conocimiento también es grande allí.


La única solución es entonces investigar. Desarrollar programas de investigación aplicada, aprovechar nuestros docentes y estudiantes de pregrado y posgrado para que nos permitan ampliar el conocimiento y apoyar sistemáticamente proyectos de investigación. De lo contrario será muy difícil generar una actitud positiva hacia este tipo de proyectos que representan alto riesgo y tendremos que volver a utilizar el Principio de Precaución para negarlo, pues no podemos valorar el riesgo de aprovecharlo, ni el balance final para la sociedad. Hay que investigar.

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Autor: Consuelo Ordoñez
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