Miércoles 28 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Acabemos esta guerra de una buena vez

Comparta este artículo ›

Columnista: Consuelo Ordoñez

Muchos de nosotros nos hemos sensibilizado con imágenes o historias de los secuestrados, los desplazados, las viudas y huérfanos de la guerra. Seguramente, muchos como yo no habíamos tenido ningún caso cercano y todas las noticias de televisión y los libros sobre esta horrible situación histórica nos afectaban, pero la veíamos un poco distante, sin tocarnos realmente. Conocemos amigos que han sobrevivido al secuestro y familias que han perdido a sus seres queridos en la lucha o en el cautiverio, y los hemos acompañado con profunda solidaridad, pero nunca habíamos tenido la oportunidad de sentirlo en carne propia.


La semana pasada estuve demasiado cerca. Casi palpando un enfrentamiento que terminó en la captura de unos "duros". Había demasiadas armas de corto y largo alcance rodeándome, demasiado riesgo de caer en medio de una balacera o incluso como rehén civil. Nada había estado más lejos de mi pensamiento antes de ese momento. Mi ingenuidad frente a la posibilidad real de "compartir" espacios con personas al margen de la ley o vinculadas de una u otra forma a estos grupos armados ilegales me impidió entender rápidamente lo que estaba pasando. De hecho, solo después de que me "sacaron corriendo" del sitio, pude medir la dimensión del riesgo al cual estaba expuesta.


Entonces, es hora de reflexionar con más profundidad que este país es demasiado bueno y demasiado rico y sus gentes demasiado pujantes y capaces como para haber podido sobreponerse a estas situaciones que hoy son "relictos", pero que ayer eran tan frecuentes y tan intensas que llevaron a abandonar porciones enormes del territorio nacional y a desplazar pueblos enteros. Entonces, pienso también que si no hubiésemos vivido esta horrible guerra, nuestros recursos estarían mucho mejor invertidos y nuestros impuestos no tendrían que haber ido a financiar fusiles y uniformes camuflados, sino a dotar puestos de salud y escuelas, a ofrecer créditos blandos en el sector rural, a mejorar las vías y a construir infraestructura para el desarrollo.


Si no tuviéramos esta guerra, sería mucho más fácil planear y trabajar. No tendríamos miedo de viajar a cualquier otro hermoso y productivo rincón del país. Sería mucho más fácil promover la tolerancia y la cultura de la legalidad. Pero la guerra aún esta ahí y aunque no nos toque personalmente, tenemos que encontrar la forma de acabarla de una buena vez.

Publicidad
Autor: Consuelo Ordoñez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.

Comentarios