Domingo 12 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

Alegría y decepción

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Columnista: Diana Giraldo

El pasado jueves, junto al periodista Juan Carlos Chío, en el Teatro Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, recibimos el premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría Mejor Investigación en Prensa. Entre más de mil trabajos, el jurado consideró que el artículo “Una alcaldía al servicio de una Iglesia” desentrañaba de manera clara la relación entre la familia del exalcalde de Bucaramanga Luis Francisco Bohórquez, propietaria de la Iglesia Manantial de Amor, y una red de contratistas que se enriquecieron durante la administración del exalcalde.

Es inevitable que la alegría de ver cómo un jurado reconoce el esfuerzo de un medio y unos periodistas por desentrañar la corrupción local y poner en evidencia sus alcances, se empañe ante la evidencia de que esta corrupción alcanza también a las entidades encargadas de investigarla y sancionarla.

Ha pasado más de un año y medio desde que se denunciaran estos hechos y hasta hoy, a pesar de que tras la publicación ha ocurrido un homicidio y un atentado sicarial, nada ha pasado. Y no ha pasado, porque los tentáculos de esta corrupción lo alcanzan todo.

La Contraloría de Bucaramanga no es más que un abierto y descarado fortín político donde se guarecen los intereses de estos corruptos. La Procuraduría…. ¿alguien sabe quién es el Procurador Provincial? Y del regional solo sabemos que llegó apoyado por Horacio Serpa.

Porque esto es así, todos los cargos en las entidades de control son repartidos y controlados por esos poderosos políticos que se repartieron el país y sus finanzas desde hace rato.

Y al margen, en la Fiscalía, un grupo de heroicos funcionarios lucha por cumplir su trabajo, mientras los afilados dientes de estos corruptos tratan de destrozar a dentelladas estas investigaciones y atravesarse dentro de la misma Fiscalía a como dé lugar, para evitar que se avance.

Porque, queridos bumangueses, temo decirles que no son estos testaferros, ni contratistas ni siquiera los funcionarios los grandes delincuentes. Son esos poderosos que están detrás de ellos, que se ríen de nosotros desde sus sillas del Congreso, que se saben intocables y que pedirán de nuevo su voto en las próximas elecciones.

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Autor: Diana Giraldo
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