Sábado 07 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Qué tan indiferentes somos

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Columnista: Diva Criado

El sermón, ‘Qué hubiera hecho Jesucristo’, pronunciado en la Semana Santa de 1946, por el pastor protestante alemán Martin Niemöller, ante la indolencia del pueblo alemán con el horror Nazi sirve para reflexionar sobre lo que pasa en Colombia con la amenaza y muerte a defensores de derechos humanos y líderes sociales.

El sermón traducido al español, convertido en un poema atribuido a Beltrot Brecht: “Y por mí vinieron…”, llama a la reflexión frente a la indiferencia colectiva e invita a reclamar acciones concretas contra la impunidad. El país debe movilizarse en defensa de la vida, y el Gobierno debe tomar medidas concretas para remediarlo.

“Primero se llevaron a los judíos, pero a mí no me importó porque yo no lo era...”.

Defender los Derechos Humanos, ser un líder social, pensar distinto o incluso cometer un error jugando fútbol son motivos suficientes en un país tenebroso en el que se amenaza y mata, porque puede, y ya.

Según la ONU, “en Colombia, la defensa de los derechos humanos se ejerce bajo asedio”. Los datos reflejan lo que es un secreto a voces. El número de asesinatos de defensores de derechos humanos y líderes sociales se ha incrementado desde la implementación del proceso de paz.

El informe ‘Todos los nombres todos los rostros’, presentado por la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular, la Marcha Patriótica y el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), indica el número de mujeres y hombres inmolados, no precisamente por asuntos personales o por casualidad, estaban comprometidos con el proceso de paz.

Analistas del conflicto armado concluyen que las causas se deben a “la disputa territorial por el control económico, político y social, y al vacío que se presentó tras la reincorporación de las Farc a la vida civil, y a la incapacidad del Estado”.

Las dificultades que enfrenta actualmente el proceso de paz exige nuevas respuestas que garanticen la eficacia de la paz a largo plazo, especialmente en el campo. El recrudecimiento de la violencia afecta su estabilidad.

¿Es posible aceptar como inevitable que defensores de Derechos Humanos y líderes sociales de la Colombia profunda y de las zonas rurales estén muriendo, por defender lo que creen justo en sus comunidades?

¡No, de ninguna manera! Resulta difícil entenderlo.

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Autor: Diva Criado
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