Lunes 16 de Julio de 2018 - 12:01 AM

“La melancólica alegría”

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Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Nietzsche se abraza al caballo que, exhausto no es capaz de continuar. El cochero lo maltrata por no hacerlo y Nietzsche lo abraza y llora. Musita: “Madre, soy tonto”. Es diagnosticado al poco tiempo con una «parálisis cerebral progresiva», tras adquirir una sífilis. Esa madre, Franziska, le dice entonces a los médicos que ella lo cuidará y lo curará. Un hecho imposible, pero es una madre cuya esperanza nunca termina. Once años de demencia hasta su muerte en 1900 desde ese episodio de melancólica alegría.

Todo esto, ahora bien, es para hablar de la muerte digna sobre la que se pretende legislar. Si hubiera existido (y lo digo para reafirmar el argumento) esa ley en aquél tiempo, Nietzsche y miles de seres humanos no habrían padecido dolores insoportables e indignos. Todo ser humano debe tener derecho a una muerte digna, es innegable.

Y así como se habla de una muerte digna, también debemos reclamar el derecho que tenemos todos a vivir bien y plenamente. En esta época donde la medicina según Herari, no quiere prolongar la vida sino acabar la muerte, las esperanzas aumentan y debemos tornarnos por lo mismo más exigentes con todo.

El derecho a morir dignamente merece un análisis para establecer, como dice el doctor Fernando Sánchez Torres, «hasta dónde es permisible el actuar médico y hasta dónde llega el derecho que se presume asiste al hombre que vive su último acto». Esto no es fácil porque el mismo juramento de Hipócrates que realizamos como médicos nos prohíbe mostrar el camino de la muerte. Ningún médico procura deliberadamente la muerte de sus enfermos, ciertamente. Con todo, prolongar la vida en condiciones infrahumanas plantea un dilema no solo médico, sino también ético, que por lo mismo debe atender siempre «los deseos y actitudes de la familia, evitando emplear medios extraordinarios que no tengan real beneficio para el paciente».

Todos los días muchos médicos se ven en la necesidad de abordar este final crucial y profundo de la muerte o la enfermedad. Labor titánica.

Nota: Cuando uno lee sobre civilizaciones aprende que en todos los lados las montañas son sagradas. Aquí, sin embargo, hay gente que planea la destrucción de los páramos. Nos llevan al Apocalipsis por no respetar lo sagrado.

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Autor: Donaldo Ortiz Latorre
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